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No rechaces los sueños por ser
sueños.
Todos los sueños pueden
ser realidad, si el sueño no se acaba.
La realidad es un sueño. Si soñamos
que la piedra es la piedra, eso es la piedra.
Lo que corre en los ríos no es un agua,
es un soñar, el agua, cristalino.
La realidad disfraza
su propio sueño, y dice:
"Yo soy el sol, los cielos, el amor."
Pero nunca se va, nunca se pasa,
si fingimos creer que es más que un sueño.
Y vivimos soñándola. Soñar
es el modo que el alma
tiene para que nunca se le escape
lo que se escaparía si dejamos
de soñar que es verdad lo que no existe.
Sólo muere
un amor que ha dejado de soñarse hecho materia y que se busca en tierra.
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Los cielos son iguales
Azules, grises, negros,
se repiten encima
del naranjo o la piedra:
nos acerca mirarlos.
Las estrellas suprimen,
de lejanas que son,
las distancias del mundo.
Si queremos juntarnos,
nunca mires delante:
todo lleno de abismos,
de fechas y de leguas.
Déjate bien flotar
sobre el mar o la hierba,
inmóvil, cara al cielo.
Te sentirás hundir
despacio, hacia lo alto,
en la vida del aire.
Y nos encontraremos
sobre las diferencias
invencibles, arenas,
rocas, años, ya solos,
nadadores celestes,
náufragos de los cielos.
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A veces un no niega
más de lo que quería, se hace múltiple.
Se dice “ no, no iré”
Y se destejen infinitas tramas
tejidas por los síes lentamente,
se niegan las promesas
que no nos hizo nadie
sino nosotros mismos, al oído.
Cada minuto breve rehusado
-¿eran quince, eran treinta?-
se dilata en sinfines, se hace siglos,
y un “no ,esta noche no”
puede negar la eternidad de noches,
la pura eternidad.
Qué difícil saber adónde hiere un no!
Inocentemente
sale de labios puros un no puro;
sin mancha ni querencia
de herir, va por el aire.
Pero el aire está lleno
de esperanzas en vuelo, las encuentra
y las traspasa por las alas tiernas
su inmensa fuerza ciega, sin querer,
y las deja sin vida y va a clavarse
en ese techo azul que nos pintamos
y abre una grieta allí.
O allí rebota
y su herir acerado
vuelve camino atrás y le desgarra
el pecho al mismo pecho que lo dijo.
Un no da miedo. Hay que dejarlo
siempre al borde de los labios
y dudarlo.
O decirlo tan suavemente
que le llegue
al que no lo esperaba
con un sonar de “sí”
aunque no dijo sí quien lo decía.
No te guardes nada, gasta,
derrocha alegrías, dichas,
truécalas en aire azul
por que vayan en volandas
por el cielo, hazlas de
agua,
llena los cauces del mundo
con su espuma desatada,
entra por almas dormidas,
sacúdelas por las alas,
agita, como trigales
grandes campos de
esperanzas,
rebosa, rebósate
de amar y de ser amado:
porque
ni este día, ni esta noche
se te acabará el amor.
Nos queda mucho.¿No
sientes
inmensas huestes de besos,
de resistencias, bandadas
de porvenir en las manos,
de arrebatos y de calmas?
¿Lo que me queda,
invisible,
callado, guardado al fondo
de lo que tocan los ojos,
de lo que las manos
palpan?
Y no está bajo la tierra,
mineral sordo, esperando
con alma pura de oro.
Ni es tampoco don
ingrávido,
secreto fruto celeste,
suspendido
se alguna rama del aire.
No, no está lo que nos
queda
ni en las minas, ni en los
altos
huertos de estrellas
maduras,
no son diamantes ni
astros.
No existe, no tiene forma,
aún no sufre los penosos
contornos de lo creado.
!Darme, darte, darnos,
darse!
No cerrar nunca las manos.
No se agotarán las dichas,
ni los besos, ni los años,
si no las cierras. ¿No
sientes
la gran riqueza de dar?
La vida
nos la ganaremos siempre
entregándome,
entregándote.