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EL PADRE NUESTRO
Vamos
a tratar de la oración que liga a todas las religiones. La llamada “PADRE
NUESTRO”. El Maestro Emmet Fox dice que esta oración es una fórmula
compacta para el dasarrollo espiritual; que fue compuesta por el Maestro
Jesús con sumo cuidado para el propósito específico de efectuar un cambio
radical en el alma. |
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La oración está
hecha en siete partes, o cláusulas.
Primera cláusula:
Padre nuestro que estás en los Cielos.
El más pobre de los padres trata de que sus hijos no sufran, no les falte
nada, y si el padre es rico, vela por sus hijos y los ayuda en proporción
a su riqueza. Estar en los Cielos es una condición de perfecta dicha en
todos los sentidos. Si el padre es tan dichoso, tan perfecto, tan
opulento, que vive y permanece “en los cielos”, es lógico, es seguro que
fuera de toda posibilidad de duda que habrá asegurado a sus hijos a prueba
de adversidad! Esta es la idea contenida en las palabras “que estás en los
cielos”. Tómala, medítala y ÚSALA en todas las circunstancias de tu vida.
Como es la Verdad, ella te hará libre.
Al pronunciar las dos palabras PADRE NUESTRO, estarás admitiendo,
confesando, y afirmando que el Padre tuyo es también el de todos. Estarás
admitiendo, confesando y afirmando que todos somos hermanos. Estarás
orando por el prójimo y cumpliendo con la Ley del Amor, ya que todo lo que
viene después en la oración habrá sido precedido por ese requisito: ¡que
los estarás pidiendo en nombre de todos nosotros tus hermanos! Dilo con
esa intención y... ¡bendito seas, hermano!
El hijo siempre tiene que ser de la misma naturaleza del padre. No se
concibe que un caballo pueda engendrar a una cabra, que una hormiga pueda
engendrar a una abeja, que un pájaro pueda empollar a una orquídea, que un
hombre pueda darle el ser a un ratón.
Si el padre es Espíritu divino con todos los dones y poderes; si vive en
estado de gracia, por lo cual todo lo que desea, idea, afirma o decreta se
manifiesta al instante, el hijo participa de su misma sangre, naturaleza,
dones y poderes. No puede ser de otra manera. Estamos los hijos en los
cielos, en estado de Gracia y todo lo que tenemos que hacer es descubrir
la manera de manifestarlo. Te estoy enseñando a manifestarlo. Estás en los
Cielos, si tú lo deseas, y no es que tengas que convertirte en un asceta,
un mártir, un anacoreta, nada de eso. Vive en tu mundo. Te lo asignó el
Padre Nuestro. Goza tu Cielo, pero recuerda darle gracias y di una vez
diaria la Primera Cláusula con toda la atención e intención de que seas
capaz.
Santificado sea tu nombre.
Segunda cláusula.
El nombre de Dios es “YO SOY”, ya lo sabes. Se lo dijo el Espíritu a
Moisés cuando éste se lo preguntó. También sabes que no debes, ni puedes
calificar ese nombre con cosa alguna que no sea la perfección, pues si
dices, o piensas YO SOY (cualquier afirmación negativa e imperfecta,
estarás mintiendo y el castigo es la manifestación en tu persona de
aquello que te has atrevido a afirmar).
Al pronunciar las cuatro palabras de la segunda cláusula, habrás expresado
el deseo de que tus hermanos, tus prójimos y tú mismo conserven el nombre
de Dios santificado, tal cual ES. O sea, que ya estás lanzando la imagen y
vibración de un lenguaje depurado de toda mentira, de toda infamia, de
toda falsificación, error, enfermedad, de toda imperfección. Cuando
repitas la oración, piensa la Verdad de esta cláusula... y que el Padre te
oiga, hermano!
Venga
a nosotros Tu Reino, hágase Tu voluntad aquí en la Tierra como en el Cielo.
Tercera cláusula.
Ya te lo dije, la intención del Padre, la Voluntad del Padre para sus
hijos, es perfecta. Tu sabiduría, Su Amor, Su Omnipotencia lo ha dispuesto
así; pero Su Justicia infinita también ha dispuesto que nadie ni nada
interfiera entre Sus hijos y el deseo que ellos expresen.
Un padre tan sabio, sabe que a un niño se le guía sin obligarlo. Se le
enseña sin forzarlo, y que tiene que sufrir caídas y golpes para poder
aprender a caminar. En el Reino de los Cielos el niño es soberano. Nadie
lo cohibe, todo el mundo respeta su libertad y su deseo, pero enseñándolo
con inmenso amor. El niño pronto aprende que los mayores no hablan por
molestarlo. Que siempre es para advertirles algo que, por el contrario,
los salvará de una consecuencia desagradable. Esa es la condición del
Reino. Por eso cuando decimos “Venga a nos Tu Reino”, estamos pidiéndole
al Padre que nos haga agradables nuestras relaciones con nuestros
hermanos, maestros, guías, vecinos, etc. Es el amor lo que rige en el
Reino, lo que dicta la conducta, lo que da la incansable comprensión. La
Voluntad del Padre es que los maestros nos enseñen por radiación, por
inspiración directa al corazón, para que tengamos una evolución sin
retardos, sin tropiezos. La Vountad del Padre, que señalamos en la Primera
Cláusula, es la que rigiendo en los Cielos, deseamos verla aquí en la
Tierra, y es la que volvemos a pedir en la Tercera Cláusula.
Danos
hoy nuestro pan de cada día
.
Cuarta Cláusula.
La palabra PAN es simbólica de todo lo que podemos necesitar en este
momento. Sabido es que el pan permanece fresco sólo un día. Mañana ya
estará duro, sin sabor. Es por eso que la frase dice “de cada día”. Lo
necesitamos hoy. El padre ha dispuesto que todo lo que vayamos
necesitando, a medida que sintamos la necesidad, se nos vaya realizando.
Eso todo está dispuesto ya. Es nuestro ya. La cláusula lo dice: el Pan
NUESTRO... y DE CADA DÍA. Al mismo tiempo reconocemos que es NUESTRO.
No sólo tuyo ni mío, sino de todos. Estamos allí mismo pidiendo que se le
dé a todos y cada uno lo que le sea necesario en un momento oportuno.
No te llenes de pánico porque creas que algo se va a retardar, que las
cosas no te van a alcanzar, porque temas que se acaben antes de tiempo,
etc. Sólo tienes que enfrentarte a esta aparente necesidad con la frase
que encabeza esta cláusula, o suavemente reclamar lo tuyo:
“PADRE, YA TÚ DISPUSISTE QUE YO TUVIERA ESTO. DESEO EN ARMONÍA PARA TODOS,
BAJO LA GRACIA Y DE MANERA PERFECTA QUE SEA MANIFESTADO, GRACIAS PADRE QUE
YA ME OÍSTE Y SIEMPRE ME OYES”!
La prueba de que todo nos ha sido concedido antes de pedirlo es lo
siguiente: Seguramente que en el día de hoy tienes todo cubierto, ¿no es
así? Todo el dinero que te es menester lo tienes para el día de hoy,
¿verdad?, pues mañana será otro “hoy”. Lo mismo la semana que viene o el
mes que viene. No te preocupes, pues el Padre ha dicho: “ANTES DE QUE
LLAMEN HABRÉ OÍDO, Y ANTES DE QUE TERMINEN DE HABLAR HABRÉ RESPONDIDO”.
Perdónanos
nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
Quinta Cláusula.
Todas las faltas que cometemos son siempre el mal uso de la energía divina
que nos es entregada por toneladas cada minuto, en cada latido del
corazón. Tenemos pues grandes deudas con el Padre porque hemos
desperdiciado Su energía, a veces despilfarrando toneladas de energía en
ataques de ira y de violencia. Si le pedimos perdón al Padre
instantáneamente, el daño no es tan grande, el castigo no se materializa,
primero porque “PECADO RECONOCIDO ES PECADO PERDONADO”, y segundo,
porque el Padre siempre nos ha perdonado ya. Somos nosotros mismos los que
tenemos que perdonarnos, y esto lo hacemos al reconocer que hemos faltado.
Ahora el punto clave de la cláusula: Así como nosotros perdonamos a
nuestros deudores. Así como tú te conduces hacia tu prójimo, así puedes
esperar que el Padre se comporte contigo. Mas, no es el Padre directamente
quien te da la recíproca, sino Sus Leyes y Principios. El Padre es siempre
Misericordia y Perdón. Son las Leyes las que dan a cada uno su merecido.
Jesús compuso la oración con tal maestría que nosotros, al pedir perdón,
si no hemos perdonado a nuestro hermano antes, se nos atajará el pedido en
la garganta, no podremos seguir adelante y tenemos que salir a arreglar
las cosas cuanto antes.
Si eres de los que ves que todo se te está entorpeciendo, que todo lo que
emprendes lo sacas a duras penas, con luchas gigantescas, no se te ocurra
decir que es que “no tienes suerte”, o que “tienes muy mala pata”
¡Mentira! Lo que pasa es que eres duro con tu hermano, no has perdonado a
alguien, o continuamente culpas a otros por tus fracasos. Primero perdona
a todo el mundo. Hazte la obligación de decir esta frase antes de poner tu
cabeza en la almohada de noche:
“PERDONO A TODO EL QUE NECESITE MI PERDÓN. A TODO HOMBRE, MUJER O NIÑO. ME
PERDONO YO MISMO Y PIDO PERDÓN AL PADRE”.
Y que tu dicho sea sincero, absoluto, amplio, pues si queda en tí algún
pequeño resentimiento contra alguien o algo, será un muro entre tú y el
Padre. Un muro entre tú y las manifestaciones de paz y prosperidad.
De ninguna manera repitas el acto de perdón que le hagas a alguien, pues
sería como reconocer que tu perdón no tiene gran validez. Cada vez que te
venga a la mente, siempre di: “YO YA LO PERDONÉ”.

No nos dejes caer en la tentación, y libranos del mal.
Sexta Cláusula.
El Padre no nos manda tentaciones. La verdad de esta frase es que tanto
más elevación tienes alcanzada, tanto más susceptible, sensible te haces,
y te esperan poderosas y sutiles tentaciones contra las cuales debes estar
en guardia. La peor de todas es el ORGULLO ESPIRITUAL. Esto levanta
un muro de acero entre el individuo y su Dios. Contra esto hay que afirmar
a menudo el famoso dicho del Maestro Jesús “Soy manso y humilde de
corazón”. Esto último te indica que es la petición del corazón la que es
contestada. Si tú pides “NO ME DEJES DESPERDICIAR OPORTUNIDADES DE
HACER EL BIEN” verás cómo eres protegido contra el desperdicio. Pues
si tú pides que no se te deje caer en aquellas tentaciones sutiles, serás
atendido y protegido, porque bien claro lo dice la Biblia, “si el hijo
pide pan al Padre no le dará una serpiente!”
Dicen que el peor de los pecados es aquel del cual no estamos conscientes.
Pídele al Padre que te muestre tus faltas ocultas. Pídele al Padre que no
te deje ser víctima de cosas como el trabajar para tu propia gloria, o de
ejercer preferencias personales en tu ayuda y servicio a la humanidad.
Pide y se te dará. Toca y te será abierto. Busca y encontrarás.
Líbranos de todo mal. Esto no necesita explicación, pero sobre todo, pide
que se te haga comprender cuán irreal es el llamado “mal”. Eso no existe,
ya que la apariencia de todo mal es simplemente un estado en que impera el
polo negativo al cual sólo le falta el polo positivo para convertirse en
el Bien evidente. No puede existir algo que no tenga ambos polos. Lo que
esté expresando únicamente su polo negativo se equilibra y parece
desaparecer en cuanto se le polariza con el positivo...
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Pues Tuyo es el
Reino, el Poder y la Gloria.
Séptima Cláusula.
¡Sabia y potente afirmación! Con ella se te obliga a reconocer al Padre
como Única Presencia y Único Poder. Se te obliga a disolver el orgullo
espiritual, la última de las faltas a superar. El ejemplo de tremendo
castigo que acarrea esta falta lo han dado en la “caída” del más glorioso
de los ángeles, LUZBEL, que se convirtió en LUCIFER por el pecado de
orgullo. Esto debe ser una alegoría porque ningún Maestro nombra a
semejante personaje; pero sea lo que fuera, la afirmación última del Padre
Nuestro lleva la misión de liberarnos del último de los peligros, siempre
que sea dicha con intención, fervor y devoción sincera.
METAFÍSICA
4 EN 1
- Vol. 1 -
Conny Méndez |
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