Llama Violeta

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El Arte de Permitir: definición

Libro la ley de atracción- Eshter y Jerry Hicks

 

Jerry: Abraham, este tema ha supuesto una nueva visión muy importante para mí porque nunca había pensado en ello des­de la perspectiva que planteáis y con la claridad que lo habéis expuesto, me estoy refiriendo al Arte de Permitir. ¿Podríais ha­blar de ello?

Abraham: Estamos encantados de ayudarte a recordar tu papel en el Arte de Permitir porque la comprensión y la aplicación in­tencionada de la Ley de la Atracción es lo que aporta todo lo que quieres. La Ley de la Atracción simplemente es, tanto si la entiendes como si no. Siempre responde y te da con toda pre­cisión aquello que corresponde a lo que has estado pensando. Pero la aplicación deliberada del Arte de Permitir requiere que seas consciente de tus emociones para que puedas elegir el rumbo de tus pensamientos. Entender esta Ley es lo que deter­mina si estás creando intencionadamente o por defecto.

Hemos colocado al Arte de Permitir en este orden, después de la Ley de la Atracción en primer lugar; y la Ciencia de la Creación Deliberada., en segundo, porque el Arte de Permitir no se puede entender si no se han comprendido los dos anteriores.

El Arte de Permitir significa lo siguiente: yo soy lo que soy y estoy contento de serlo, disfruto siéndolo. Y tú eres lo que eres, y aunque quizá seas distinto de lo que yo soy, también es bueno. Puesto que puedo enfocar mi atención en lo que quiero, aunque haya grandes diferencias entre nosotros, no experimento una emoción negativa, porque soy lo bastante sabio como para no centrarme en lo que me causa malestar. Al ser yo quien aplica el Arte de Permitir entiendo que no he venido a este mundo físico para que todos sigan la «verdad» que yo creo que es cierta. No he venido a fomentar la conformidad y la igualdad, pues soy lo bas­tante sabio para entender que en la igualdad y la conformidad no hay diversidad que estimule la creatividad. Al enfocar mi aten­ción en la conformidad me estoy dirigiendo hacia un final en lu­gar de proseguir con la creación.

Por lo tanto, el Arte de Permitir es esencial para la continui­dad o la supervivencia de esta especie, de este planeta y de este Universo, y esa continuidad es posible gracias a la perspectiva más amplia de la Fuente. Tú, desde tu perspectiva física, puede que no permitas tu propia expansión, y cuando no lo haces, te sientes fatal. Y cuando no permites la de otro, también te sien­tes fatal.

Cuando ves una situación que te preocupa y decides que no vas a hacer nada por remediarla, estás tolerándola. Eso es muy distinto a lo que entendemos como permitir. Permitir es el arte de encontrar una forma de ver las cosas que te facilite conectar con tu Ser Interior. Se consigue mediante la selección exhaustiva de la información que recopilas en tu realidad tiempo-espacio y enfocando tu atención en las cosas que te ayudan a sentirte bien. Es la utilización de tu Sistema de Guía Emocional que te ayuda a determinar la dirección de tus pensamientos.

¿No debería protegerme de los pensamientos de los demás?

Jerry: La pregunta que más me costaba plantear al principio de todo esto era: ¿cómo podemos protegernos de los que piensan distinto que nosotros, cuyas ideas son tan diferentes de las nuestras que pueden invadir, por así decirlo, nuestro espacio?

Abraham: Bueno. Ésta es la razón por la que hemos dicho que antes de que podáis entender y aceptar el Arte de Permitir, pri­mero debéis comprender la Ley de la Atracción y la Ciencia de la Creación Deliberada. Pues no cabe duda de que si no entendéis por qué os suceden las cosas les tendréis miedo. Si no compren­déis que los demás no pueden entrar en vuestra experiencia a menos que les invitéis con el pensamiento, es normal que os pre­ocupéis respecto a lo que están haciendo otros. Pero cuando en­tendéis que sólo pasa a formar parte de vuestra experiencia aquello que invitáis a ello a través de vuestro pensamiento —con el pensamiento emocional y gran expectación—> entonces, a menos que realmente cumpláis con el requisito de este delicado equilibrio creativo, no lo recibiréis.

 

Cuando entiendes estas poderosas Leyes Universales, los muros, barricadas, ejércitos, guerras o cárceles ya no te parecen necesarios, porque sabes que eres libre para crear tu mundo como quieres que sea, mientras que los otros están creando un mundo como ellos han elegido que sea, y esas elecciones no deben asustarte, no puedes disfrutar de tu libertad absoluta sin este entendimiento.

En este mundo físico hay cosas con las que estás en per­fecta armonía y otras con la que estás en total desarmonía, y entre medio hay algo de todo. Pero no has venido para des­truir o albergar aquello que no te gusta, pues eso cambia constantemente. Has venido para identificarte, en cada mo­mento, segmento a segmento, día a día, año tras año, con lo que deseas, y a utilizar el poder de tu pensamiento para enfo­car tu vida en ello y permitir que la fuerza de la Ley de la Atracción lo traiga hacia ti.

No somos vulnerables a las conductas ajenas

La razón por la que la mayoría de las personas no están dis­puestas a permitir lo que hacen otras es porque, en su falta de entendimiento de la Ley de la Atracción creen incorrectamen­te que las experiencias no deseadas pueden irrumpir en su vida. Cuando viven esas experiencias, o ven a otros pasando por ellas, suponen que nadie las elige deliberadamente, que la amenaza debe ser real. Temen que, sí permiten a los demás comportarse de este modo, ello afectará a su experiencia per­sonal. En su falta de entendimiento de la Ley de la Atracción se sienten vulnerables y están a la defensiva, por eso levantan mu­ros y reúnen ejércitos en torno a su vulnerabilidad, pero no les sirve de nada. Pues ir en contra de estas cosas sólo crea más de lo mismo.

No os estamos diciendo esto para que liberéis vuestro mundo de todos estos contrastes, pues el contraste que que­rríais eliminar es el responsable de la expansión de Todo-Lo-Que-Es. Os lo decimos porque entendemos que es posible que viváis felices en medio de esta enorme diversidad. Estas pala­bras son para ayudaros a encontrar vuestra libertad personal, que sólo podréis experimentar cuando entendáis y apliquéis las Leyes del Universo.

Hasta que no entendáis y apliquéis las dos primeras Leyes, no podréis comprender el Arte de Permitir, pues no es posible que estéis dispuestos a permitir que los demás hagan lo que de­seen hasta que no entendáis que lo que hagan o digan no pue­de afectaros. Porque lo que sentís —lo que surge de vuestro Ser— es tan poderoso que, como querréis conservarlo, no po­dréis ni permitiréis que nadie lo amenace.

Estas Leyes que os estamos presentando son Eternas, lo cual significa que son para siempre. Son Universales, por ende, está en todas partes. Son Absolutas, tanto si las conocéis y aceptáis como si no.

Las reglas del juego de la vida

Cuando utilizamos la palabra Ley, no nos estamos refiriendo a los acuerdos terrenales que muchos denomináis ley. Tenéis la ley de la gravedad y la del espacio y el tiempo, también tenéis muchas otras leyes, incluso algunas que controlan el tráfico y la conducta de los ciudadanos. Pero cuando usamos la palabra Ley, estamos hablando de esas Leyes Universales eternas y om­nipresentes. Y no hay tantas como creéis.

Si llegáis a entender y a aplicar estas Leyes básicas, com­prenderéis cómo funciona el Universo. Entenderéis por qué os sucede lo que os sucede. Reconoceréis que sois vosotros quie­nes las invitáis, creáis y atraéis, descubriréis que tenéis el con­trol deliberado de vuestra experiencia de la vida. En resumen, sólo entonces os sentiréis libres, pues la libertad es compren­der la razón por la que pasan las cosas.

Aquí explicaremos las reglas de vuestro juego de la experiencia física, y estamos contentos de hacerlo porque son las mismas que para el juego de toda forma de vida, ya sea física o No-Física.

La Ley más poderosa de este Universo —la Ley de la Atrac­ción— sencillamente dice que todo objeto atrae aquello que se asemeja a sí mismo. Habréis observado que cuando os empie­zan a pasar cosas malas parece que todo va de mal en peor. Por ejemplo, cuando os despertáis contentos, tenéis un día más fe­liz. Sin embargo, cuando empezáis la jornada discutiendo con alguien, el resto del día también es negativo en muchos aspec­tos, ése es vuestro grado de conciencia en relación con la Ley de la Atracción. Ciertamente, todo lo que experimentáis —desde lo más evidente hasta lo más sutil— está bajo la influencia tío esta poderosa Ley... Cuando piensas en algo que te gusta, gra­cias a la Ley de la Atracción, empiezan a llegar otros pensa­mientos similares. Cuando piensas en algo que te desagrado, gracias a la Ley de la Atracción, también comienzan a llegar otros pensamientos similares; y te encontrarás hablando de ello con otras personas hasta que estés rodeado de un pensa­miento cada vez mayor y más potente. A medida que aumenta ese pensamiento, que va cobrando impulso, mayor es su poder y su fuerza de atracción. Al entender esta Ley, podrás decidir si vas a enfocar tus pensamientos sólo en lo que quieres atraer a tu experiencia y apartar tu atención de aquellos pensamientos que no quieres que lleguen a la misma.

La Ley de la Creación Deliberada la describimos de este modo: empiezo a atraer aquello en lo que pienso. Atraigo con mayor rapidez el objeto del pensamiento que despierta una emo­ción fuerte. Una vez he lanzado con fuerza un pensamiento que evoca una emoción, al esperar aquello en lo que he pensado, lo consigo.

El equilibrio de la Creación Deliberada tiene dos caras, por así decirlo. Por una parte, está el pensamiento y, por la otra, la expectativa, creencia o Permisión. Así que, cuando has pensado en algo y lo esperas o estás convencido de que será, tienes la actitud perfecta para recibir el objeto de tu pensa­miento. Ésa es la razón por la que obtienes lo que piensas, tanto si lo deseas como si no. Tus pensamientos son podero­sos, son imanes que atraen, que se atraen mutuamente. Los pensamientos se atraen entre ellos y tú atraes a los pensamien­tos al prestarles tu atención.

En general, es más fácil ver estas Leyes en funcionamiento cuando observas la experiencia de otros: observarás que los que más hablan de prosperidad gozan de ella. Los que más hablan de salud también la tienen. Los que hablan de enfermeda­des están enfermos. Los que hablan de pobreza son pobres. Es la Ley. No puede ser de otro modo. Lo que sientes es tu punto de atracción, y por eso la Ley de la Atracción se suele entender cuan­do te ves como un imán, que atrae más y más de lo que siente. Cuando te sientes solo, atraes más soledad. Cuando te sientes pobre, atraes más pobreza. Cuando te sientes enfermo, atraes más enfermedad. Cuando te sientes desgraciado, atraes más in­felicidad. Cuando te sientes sano, vital y próspero, atraes más de lo mismo.

Son las experiencias de la vida, no las palabras, las que nos aportan conocimiento

Somos maestros, y en todas nuestras experiencias de enseñar hemos aprendido este importantísimo hecho: las palabras no enseñan. Es la experiencia de la vida la que te aporta el conoci­miento. Por eso, os animamos a reflexionar sobre vuestra expe­riencia de la vida, para que recordéis las cosas que habéis expe­rimentado antes y empecéis a observar, a partir de ahora, la perfecta correlación entre las palabras que estáis leyendo en este libro y vuestras experiencias. Sólo cuando comencéis a da­ros cuenta de que la vida os da lo que habéis estado pensando, querréis prestar atención a vuestros pensamientos (de hecho, querréis controlarlos deliberadamente).

Controlar vuestros pensamientos os será más fácil cuando toméis la decisión de que vais a hacerlo. Pensáis en cosas que no queréis, principalmente porque no habéis entendido lo ne­gativo que es eso para vuestra experiencia. Los que no queréis esas experiencias negativas, y los que queréis las experiencias positivas, una vez hayáis reconocido que lo que no queréis sólo atrae más de lo que no queréis a vuestra vida, no os costará con­trolar vuestros pensamientos, porque vuestro deseo de hacerlo será muy fuerte.

En lugar de controlar los pensamientos, sentiré los sentimientos

Controlar los pensamientos no es cosa fácil, pues mientras los estás controlando, no tienes tiempo para pensar en ellos. Por eso, en lugar de controlarlos, vamos a ofreceros otra alternati­va más eficaz. Algunas personas entienden que mientras son Seres físicos, manifestándose en este aparato físico, simultá­neamente hay una parte —más amplia, sabia y antigua— que existe de forma paralela, y que esa parte (a la que nos referimos como Ser Interior) se comunica con ellas. Esta comunicación se produce de diversas formas. Puede presentarse como un pensamiento claro y vivido —incluso a veces audible—, pero en todos los casos viene en forma de emoción.

Antes de venir aquí acordasteis que existiría esa comunica­ción con vuestro Ser Interior, y que ésta sería en forma de senti­mientos, de los que no se pueden pasar por alto, en lugar de un es­tímulo en forma de pensamiento o de palabras que pueden olvidarse. Pues cuando estáis pensando, puede que no siempre podáis recibir un pensamiento distinto en el mismo momen­to. Al igual que cuando estáis pensando o reflexionando pro­fundamente no oís lo que os está diciendo otra persona que está en la misma habitación. Por eso, el proceso del sentimien­to en forma de emoción es muy útil para la comunicación.

Hay dos tipos de emociones: las que hacen que os sintáis bien y las que hacen que os sintáis mal. Y se acordó que las que os hacen sentiros bien se presentarían cuando pensarais, hablarais o hicierais aquello que estuviera en armonía con lo que queréis; a la vez que se acordó que el sentimiento que os dis­gusta se presentaría cuando hablarais, pensarais o actuarais en una dirección contraria a vuestras intenciones. Por lo tanto, no es necesario que controléis vuestros pensamientos, simple­mente prestad atención a cómo os sentís. Cada vez que tenéis una emoción negativa, reconoced que —en el momento que se produce ese sentimiento— estáis deshaciendo vuestra crea­ción. Cuando sentís esa emoción negativa, estáis pensando en algo que no queréis y estáis atrayendo su esencia a vuestra ex­periencia. La creación es el proceso de atracción; cuando pen­sáis, atraéis el objeto de vuestro pensamiento.

Cuando estoy tolerando a los demás, no estoy permitiendo

Este ensayo está pensado para que entendáis que nadie puede suponer una amenaza para vosotros. Puesto que cada ser hu­mano controla su propia experiencia. El Arte de Permitir dice: Yo soy lo que soy y estoy dispuesto a dejar que los demás sean lo que son. Ésta es la Ley que conduce a la libertad total: libertad de toda experiencia no deseada y de cualquier respuesta nega­tiva a una experiencia que no apruebas.

Cuando decimos que es bueno ser un Permitidor, muchos no entendéis lo que queremos decir, pues pensáis que Permitir es tolerar. Entonces seguís siendo lo que sois (aquello que se­gún vuestras reglas es apropiado) y dejáis ser a los demás lo que quieren ser, aunque no os guste. Tenéis sentimientos nega­tivos, sentís lástima por ellos, hasta puede que tengáis miedo de vosotros mismos, pero aun así les dejáis ser, pero con tole­rancia. hacer su creación, porque estás ampliando la vibración de atraer lo que no desean.

Si vas a ver a unos amigos que están enfermos, intenta ima­ginarles sanos. Observa que cuando enfocas tu atención en su enfermedad, te sientes mal; pero cuando lo haces en su posible recuperación, te sientes bien. Al centrarte en su Bienestar, per­mites tu conexión con tu Ser Interior, que también les ve bien, y entonces puedes influir en su mejoría. Cuando estás conecta­do con tu Ser Interior, tu poder de influir es mucho mayor. Por supuesto, tus amigos pueden elegir centrarse más en su enfer­medad que en su recuperación, y al hacerlo, pueden seguir en­fermos. Si dejas que los pensamientos que te provocan emo­ciones negativas te afecten, su influencia en lo no deseado será más fuerte que la tuya en lo deseado.

Elevo a los demás con mi ejemplo de Bienestar

No ayudarás a los demás con palabras tristes. No les ayudarás a elevarse reconociendo que tienen lo que no desean, sino siendo diferente. Les elevarás con el poder y la claridad de tu propio ejemplo. Si estás sano, puedes estimular el deseo de es­tarlo. Si eres rico, puedes estimular el deseo de prosperidad. Deja que sea tu ejemplo el que los eleve, que sea lo que hay en tu corazón lo que lo haga. Les ayudarás cuando te sientas bien con lo que piensas... Les deprimirás o aumentarás su negatividad, cuando te sientas mal con tus pensamientos. Así es cómo sabes si les estás ayudando o no.

Sabrás que has alcanzado el estado de Permitir cuando estés dispuesto a permitir a otro, aunque esa persona no esté dispues­ta a hacer lo mismo contigo; cuando seas capaz de ser lo que eres, aunque los demás no lo aprueben; cuando puedas ser tú mismo y no sientas una emoción negativa por lo que los demás piensen de ti. Cuando contemples este mundo y te sientas siempre feliz, serás un Permitidor. Cuando puedas saber qué experiencias en­cierran felicidad y cuáles no —y tengas la disciplina de participar sólo cuando hay alegría—, habrás alcanzado la Permisión.

La diferencia sutil entre querer y necesitar

Al igual que a veces la diferencia entre emoción positiva y ne­gativa puede ser muy sutil, la diferencia entre querer y necesitar también puede serlo.

Cuando enfocas tu atención en lo que quieres, tu Ser Inte­rior te ofrece una emoción positiva. Cuando la enfocas en lo que necesitas, tu Ser Interior te ofrece una emoción negativa porque no estás pensando en lo que quieres. Estás pensando en la ausencia de lo que quieres y tu Ser Interior sabe que aquello en lo que piensas es lo que atraes. Tu Ser Interior sabe que no quieres carencia, sabe que quieres lo que deseas y te está ofre­ciendo la guía para que te des cuenta de la diferencia.

Enfocar tu atención en una solución hace que sientas una emoción positiva. Enfocarla en un problema hace que sientas una emoción negativa, y aunque las diferencias sean sutiles, son muy importantes, porque cuando sientes una emoción positiva, atraes a tu experiencia lo que deseas. Cuando sientes una emoción ne­gativa, atraes a tu experiencia lo que no deseas.

Puedo crear deliberada, intencionada y gozosamente

Podríamos decir que un Permitidor es alguien que ha aprendi­do la Ley de la Creación Deliberada y que ha llegado a un punto en que ya no deshace su creación. Crea deliberada, intenciona-ilu y gozosamente. Como ves, la satisfacción sólo procede de un litio. Viene de desear, permitir y recibir. A medida que avanzas tu esta experiencia de la vida física, manteniendo tus pensa­mientos dirigidos hacia lo que deseas, dejando que la poderosa ley de la Atracción trabaje a tu favor, trayéndote cada vez más acontecimientos y circunstancias y otros Seres compatibles contigo a tu experiencia, irás descubriendo que la espiral de tu vida es ascendente y que se dirige hacia la felicidad y la libertad. ¿Tienes preguntas respecto al Arte de Permitir?

 

Estoy viviendo el Arte de Permitir

Jerry: Sí tengo preguntas, Abraham. Para mí, el Arte de Permi­tir es el tema más interesante.

Abraham: Permitir es lo que has venido a enseñar en esta ex­periencia. Pero antes de que puedas enseñar, has de saber. Nor­malmente este tema surge cuando se plantea esta situación: «Alguien está haciendo algo que no me gusta; ¿cómo puedo conseguir que haga lo que a mí me gusta?» Y lo que se ha de entender es lo siguiente: En lugar de intentar que todas las per­sonas hagan lo mismo o las cosas que ante gustan, es mucho me­jor aceptar que todo el mundo tiene derecho a ser, hacer o tener lo que desea; y que tú, a través del poder de tus pensamientos, atrae­rás sólo lo que está en armonía contigo.

¿Cómo puedo distinguir lo que está bien de lo que está mal?

Jerry: No sabía nada del Arte de Permitir antes de conoceros, así que la forma en que tomaba mis decisiones respecto a lo que estaba bien o mal para mí era pensar en una acción en par­ticular e intentar imaginar cómo sería el mundo si todos la hi­cieran. Luego, si me parecía que el mundo sería más feliz y más cómodo, seguía adelante con esa acción. Por el contrario, si me parecía que sería un mundo en el que yo no querría vivir si to­dos lo hicieran, desestimaba esa acción.

Pondré un ejemplo. Me gustaba ir al río a pescar truchas, y al principio pescaba como la mayoría de la gente. Cogía todos los peces que podía. Pero creo que empecé a sentirme un poco incómodo al reflexionar si era correcto lo que estaba haciendo y pensé: «¿Qué pasaría si todo el mundo hiciera lo mismo?» Entonces imaginé que si todo el mundo pescara como yo, aca­baríamos con todos los peces de los ríos y luego nadie podría gozar de ese placer. Al llegar a esa conclusión, decidí que no mataría ninguno de los peces que pescara. Los pescaría con un señuelo y solamente sacaría a un pez del agua si alguien me pe­día alguno para comérselo.

Abraham: Bien. Lo mejor que todos podemos ofrecer es el ejem­plo de lo que somos. Nuestras palabras, pensamientos y, por su­puesto, nuestras acciones pueden reforzarlo. Pero la clave para cualquiera de nosotros —en nuestro deseo de mejorar el mun­do— es tomar decisiones más claras respecto a lo que queremos ser en cualquier momento, y luego serlo.

Lo que estabas haciendo con tu ejemplo estaba en armonía con lo que estamos enseñando ahora. En cuanto decidiste lo que querías, tu Ser Interior te ofreció la emoción que te ayudó a reconocer que lo que ibas a hacer era correcto. Es decir, en cuanto decidiste que querías mejorar este mundo, que querías aportar en lugar de restar desproporcionadamente, toda ac­ción que emprendías o que tenías intención de emprender que no estuviera en armonía con esa intención te hacía sentirte in­cómodo.

Exageraste tu deseo de que el mundo fuera un lugar mejor al imaginar que todas las personas hacían lo que estabas pen­sando, por lo tanto surgió una guía exagerada desde tu inte­rior. Es un buen sistema. No pretendías que todos lo hicieran; sólo estabas usando la idea para aclararte si era bueno para ti. Fue un buen plan.

Pero ¿qué pasa cuando veo que los demás obran mal?

Jerry: A mí me funcionó, mis días de pesca estaban llenos de una felicidad espectacular. Pero seguía sintiéndome incómodo cuando veía que otras personas mataban a los peces innecesa­riamente, sólo por diversión... o por cualquier otra razón.

Abraham: Bien. Ahora hemos llegado a una cuestión muy im­portante. Cuando tus acciones estaban en armonía con tus in­tenciones, eras feliz. Pero cuando las acciones de los otros no estaban en armonía con tus intenciones, ya no lo eras. Enton­ces, lo que necesitas es plantearte otras intenciones respecto a los demás. Un buen conjunto de intenciones respecto a los de­más es el siguiente: son lo que son, creadores de su propia expe­riencia de la vida, que atraen hacia si, mientras que yo soy el creador de mi experiencia, que atraigo hacia mí. Éste es el Arte de Permitir... Cuando te repites esto varias veces, pronto recono­ces que en realidad no están interfiriendo en tu mundo del modo que crees que lo hacen. Están creando su propio mundo. Y, para ellos, puede que no sea caótico.

Lo difícil es cuando contemplas tu mundo con escasez... cuando empiezas a pensar en términos de cuántos peces hay o cuánta abundancia y prosperidad existe. Pues entonces empie­zas a preocuparte por si otras personas están malgastando o estropeando, sin dejar nada para los demás o para ti.

Cuando entiendes que este Universo... de hecho, esta expe­riencia física en la que estás participando es abundante —y que no hay fin para esa abundancia— dejas de preocuparte. Les dejas crear y que atraigan hacia ellos, mientras tú creas y atraes hacia ti.

¿Desconocer lo indeseado permitirá lo deseado?

Jerry: Bueno, el modo en que resolví ese dilema en realidad se remonta a 1970, y durante los nueve años siguientes, desco­necté por completo mi entrada de información de lo que de­nomino el mundo exterior. Desconecté la televisión y la radio y dejé de leer periódicos, también dejé de relacionarme con muchas personas que hablaban de cosas que no quería oír. Una vez más esa decisión me funcionó. Funcionó tan bien que durante ese período de nueve años conseguí excelentes resultados en el ámbito de las relaciones personales que para mí eran importantes, recobré y mantuve mi salud física y de­sarrollé interesantes recursos económicos. Fue muy gratifi­cante, era distinto a todo lo que me había sucedido antes. Pero cerrarme de ese modo a las informaciones negativas y mantener mi atención en mis intenciones era en realidad una forma de esconder la cabeza bajo el ala, en lugar de lo que vo­sotros llamáis Permitir.

Abraham: Tiene mucho valor prestarle atención a lo que es importante para ti. Cuando escondiste la cabeza bajo el ala, por así decirlo, cerrándote a la mayoría de las influencias ex- ternas, pudiste enfocar tu atención en lo que era importante para ti. Cuando pensabas en algo, atraías poder, claridad y re­sultados. Y al hacer eso, recibías satisfacción, esa satisfacción que sólo procede del deseo, de permitir y de conseguir.

En cuanto a ser alguien que ignoraba o que escondía la ca­beza bajo el ala, sin prestar atención, en lugar de ser un Permitidor, quizá no fuera como piensas... Prestar atención a lo que es importante para ti es el proceso mediante el cual permites a los demás que sean lo que quieren ser. Prestarte atención a ti mismo, a la vez que dejas que los demás hagan lo mismo, es un proceso muy importante en el arte de convertirse en un Permitidor.

Jerry: En otras palabras, ¿queréis decir que como estaba espe­rando (aunque nunca había oído hablar de esto antes) la Ley de la Atracción y el Proceso de Creación Deliberada me funcio­naron, y automáticamente pasé al estado de Permitir?

Abraham: Así es. Le estabas prestando atención a lo que era importante para ti, por lo tanto atraías más de lo mismo, lo que hacía que ver la televisión no fuera interesante y que leer los periódicos no fuera importante. No es que te estuvieras pri­vando de algo que deseabas, sino que por la Ley de la Atracción estabas atrayendo más de lo que más deseabas. Cuando ves en la tele o lees en los periódicos cosas que no te gustan y que te ha­cen sentir una emoción negativa, estás obstaculizando la llega­da de lo que deseas.

 

¿Queremos todos permitir la felicidad?

Jerry: ¿Pretendemos la mayoría de los seres que hemos adop­tado esta forma física entender el Arte de Permitir, o estáis insinuando que sólo los que hablamos con vosotros queremos comprenderlo?

Abraham: Todos los que estáis ahora en la Tierra con vues­tros cuerpos físicos antes de adoptarlos pretendíais compren­der y ser Permitidores. Pero la mayoría, desde vuestra pers­pectiva física, estáis lejos de entenderlo o desearlo; más bien intentaréis controlar a otro antes que permitir que haga lo que quiera. No es difícil aprender a controlar la dirección de tus pensamientos, pero es totalmente imposible controlar la di­rección de los de otro.

Pero ¿qué sucede cuando los demás tienen experiencias negativas?

Jerry: Entonces, ¿es este estado de Permitir que estamos bus­cando desde algún nivel, un estado en el que podamos ver y ser conscientes de lo negativo que nos rodea (o lo que nos parece negativo desde nuestra perspectiva) y seguir siendo felices? ¿O es que no veremos lo negativo? ¿O no lo consideraremos nega­tivo?

Abraham: Cuando enfocaste tu atención en las cosas que eran importantes para ti, no veías la televisión ni leías los periódi­cos, disfrutabas con lo que estabas haciendo. Estabas prestan­do tu atención a lo que te importaba y la Ley de la Atracción te aportó cada vez más fuerza y claridad. Por eso, lo otro simple­mente no llegó a tu experiencia, porque no encajaba con tus intenciones de crecimiento y de éxito.

Cuando tienes claro lo que quieres, no tienes que forzarte a seguir el camino, pues por la Ley de la Atracción, lo sigues deforma natural. Por lo tanto no es difícil ser un Permitidor. Todo lle­ga de manera fácil y sencilla porque no estás interesado en todas esas cosas que nada tienen que ver con lo que deseas.

Vuestra televisión, aunque os ofrece mucha información valiosa, también transmite muchas noticias que poco tienen que ver con nada de lo que queréis en vuestra experiencia de la vida. Muchos os sentáis a mirarla simplemente porque está ahí, porque no habéis tomado ninguna otra decisión, y ver la televisión no suele ser un acto deliberado, sino una acción por defecto. Y en ese estado de 110-intencionalidad, de no-decisión, te estás abriendo a dejarte influenciar por lo que estén trans­mitiendo. Por eso, eres literalmente bombardeado con los estí­mulos de pensamientos negativos de lo que ocurre en el mun­do, y como no has tomado ninguna decisión en cuanto a lo que quieres pensar al respecto, acabas absorbiendo en tu expe­riencia muchas cosas que no has elegido.

Esto es crear por defecto: pensar en algo sin hacerlo delibera­damente... pensar en ello, y por consiguiente, atraerlo tanto si lo quieres como si no.

Sólo buscaré lo que quiero

Jerry: Abraham, ¿cómo podéis decirme que consiga y manten­ga este estado de Permisión que deseo, a pesar del hecho de que soy consciente de que hay muchas personas a mi alrededor que, desde su perspectiva> experimentan sufrimiento o lo que yo denomino negatividades?

Abraham: Te sugerimos que tomes una decisión, la decisión de que, hagas lo que hagas en el día de hoy, te relaciones con quien te relaciones, tu intención principal sea buscar las cosas que quieres ver. Y cuando ésa sea tu intención predominante, por la Ley de la Atracción atraerás sólo las cosas que quieres atraer y verás sólo lo que quieres ver.

Un tamiz selectivo como modo de atracción selectivo

Cuando predomine tu intención de atraer sólo lo que deseas, te convertirás en un tamiz selectivo. Atraerás sólo aquello que quieres. Observarás selectivamente. Al principio te darás cuen­ta de que todavía atraes algunas cosas que no serán de tu agra­do porque los pensamientos y creencias anteriores ya habían tomado impulso antes de que llegara este momento. Pero con el tiempo, cuando el Bienestar sea tu intención predominante al comienzo de cada día durante un mes o dos, empezarás a observar que hay pocas cosas en tu vida que no sean de tu agrado, pues tu impulso, tu pensamiento, te habrá llevado más allá de lo que está sucediendo en el presente.

Es difícil ser un Permitidor cuando ves que alguien que tie­nes cerca hace algo que puede ser una amenaza para ti o para otra persona. Por eso dices: «Abraham, no os entiendo cuando aseguráis que puedo alejar las cosas que no quiero con mi pen­samiento, que puedo conseguir lo que quiero a través de mis pensamientos y que no he de actuar». Nosotros respondemos que a través de vuestros pensamientos invitáis, pero que lo que vivís hoy es el resultado de los pensamientos que habéis tenido antes, al igual que lo que pensáis hoy es lo que proyecta vues­tro futuro. Vuestros pensamientos de hoy preparan vuestro fu­turo, y cuando éste llegue, viviréis los resultados de lo que pen­sáis ahora, al igual que hoy experimentáis el fruto de lo que pensasteis antes.

 Nuestro pasado, presente y futuro, una misma cosa

Siempre estáis pensando y no podéis desconectaros del pasa­do, presente y futuro, pues son una misma cosa; están unidos en el continuo del pensamiento. Por ejemplo, estás caminando por la calle y te encuentras con una pelea —un hombretón está golpeando a otro mucho más pequeño—, y a medida que te acercas, te inunda una emoción negativa. Cuando piensas: «Voy a apartar la mirada; me voy a marchar como si esto no hubiera sucedido», sientes una emoción terriblemente negati­va, porque no quieres que hagan daño al más pequeño. Luego piensas: «Bueno, iré y le ayudaré». Pero también sientes una emoción negativa, porque no quieres que te hagan daño o per­der tu propia vida. Entonces dices: «Abraham, ¿qué hago?» Nosotros respondemos que estamos de acuerdo. En este ejem­plo, no hay una buena elección, en ese momento has de esfor­zarte mucho debido a que no habías preparado el camino en el pasado.

Si en el pasado, al comienzo de cada día, hubieras deseado seguridad, armonía, relacionarte con personas que fueran afi­nes con tus intenciones, te prometemos que no estarías ante esa incómoda situación. Por eso, te decimos que te enfrentes a ello ahora de la forma que desees, pero si hoy empiezas a pre­parar tus pensamientos para el futuro no tendrás que verte ante otra incómoda situación en la que, hagas lo que hagas, no te sentirás bien.

¿Debo permitir las injusticias que veo?

Hasta que no entiendas cómo consigues lo que tienes, te costa­rá mucho aceptar la idea de Permitir, porque habrá muchas cosas en este mundo que no te gustarán y dirás: «¿Cómo puedo permitir esta injusticia?» Y nosotros te decimos que la permi­tes reconociendo que no forma parte de tu experiencia. Y que, en la mayoría de los casos, no es asunto tuyo. No te toca hacer nada. Es la creación, atracción y experiencia de otros.

En lugar de intentar controlar las experiencias de todos los demás (lo cual es imposible por más que lo intentes), trata de controlar tu participación en esas experiencias. Al plantearte una imagen clara de la vida que quieres vivir, estás preparando un ca­mino sin baches y agradable para ti.

Mi atención a lo no-deseado crea más no-deseado

Atraes a través de tu pensamiento. Obtienes aquello en lo que piensas, tanto si lo deseas como si no. Cuando te fijas en los conductores temerarios, atraes más conductores temerarios a tu experiencia. Cuando prestas atención a los que no te están ofreciendo un buen servicio, atraes más personas de ese tipo a tu vida. Aquello a lo que le prestas atención —especialmente tu atención emocional— es lo que atraes a tu experiencia.

¿Afecta a mi salud el Arte de Permitir?

Jerry: Abraham, me gustaría hablar de lo que yo llamo expe­riencias cotidianas de la vida real, y que vosotros me contarais un poco cómo veis el Arte de Permitir en estas condiciones par­ticulares. En primer lugar, quiero hablar de la salud física. Du­rante muchos años yo padecí una grave enfermedad cuando era pequeño. Al final llegó un momento en mi vida en que qui­se poner punto final a esa situación, y desde entonces puedo decir que gozo de una salud excelente. ¿Cómo encaja el Arte de Permitir en esa situación de pasar de la enfermedad extrema a la salud extrema?

Abraham: Cuando tomas una decisión sobre algo, cumples con la mitad de la ecuación de la Creación Deliberada. Piensas con emo­ción, que es la clave de desear. La otra parte de la ecuación es Per­mitir o esperar y dejar que se produzca... Así, cuando dices «Quie­ro y permito, por consiguiente es», tu creación de lo que deseas será muy rápida. Literalmente, estás permitiéndote tenerlo al no ofrecer resistencia, al no apartarlo con otros pensamientos.

Nos habrás oído decir que cuando eres capaz de Permitir., no tienes emociones negativas. El estado de Permitir es liberar­se de la negatividad; por consiguiente, cuando te propones de­liberadamente tener algo y sólo tienes emociones positivas al respecto, estás en el estado de Permitir que se produzca. En­tonces, lo tendrás.

Para estar sano en lugar de enfermo, has de pensar en salud. Cuando tu cuerpo está enfermo, es más fácil observar la enferme­dad, por lo tanto se requiere deseo, enfoque y voluntad para ver más allá de lo que está sucediendo en el presente. Al imaginar un cuerpo más saludable en el futuro o al recordar una época en que estabas más sano, en ese momento, tu pensamiento se acopla a tu deseo y permites una mejora de tu condición física. La clave es conseguir pensamientos que te ayuden a sentirte mejor.

 

Permitir: de la pobreza extrema al bienestar económico

Jerry: El siguiente tema del que me gustaría hablar es de la ri­queza y la prosperidad. En mi infancia era pobre, viví en galli­neros, tiendas de campaña, cuevas, etc. Luego, en 1965, encon­tré el libro Piense y hágase rico, que me ayudó a ver las cosas de un modo distinto, y a partir de ese día mi economía entró en una espiral ascendente. De vivir en mi furgoneta Volkswagen, pasé a ingresar una suma anual de seis cifras y luego de siete.

Abraham: ¿Qué piensas que sucedió para que se produjera ese cambio de perspectiva cuando leíste el libro?

Jerry: Bueno, lo que más recuerdo es que por primera vez en mi vida de adulto empecé a enfocar mi atención sólo en lo que quería, con mayor o menor exclusividad. Pero me gustaría es­cuchar vuestra opinión respecto a ese fenómeno.

Abraham: Alcanzaste la comprensión de que podías tener todo lo que quisieras. El deseo ya existía gracias a las experiencias de tu vida, pero al leer el libro creíste que era posible. El libro hizo que empezarás a. permitir que tu deseo se hiciera realidad.

Permitir: relaciones y el arte del egoísmo

Jerry: Otra área muy importante de la que me gustaría hablar es la de las relaciones. Ha habido momentos en los que me ha sido difícil permitir que mis amigos tuvieran sus propios pen­samientos y creencias y sus actividades «inapropiadas».

Abraham: ¿Cuando utilizas la palabra permitir en este sentido a qué te refieres?

Jerry: Sentía que ellos debían pensar y actuar como yo quería. Y cuando no lo hacían, me sentía muy mal, a veces hasta me enfadaba. Abraham: Entonces, cuando observabas lo que hacían o de­cían, sentías una emoción negativa, señal de que no estabas en un estado de Permitir.

¿No es inmoral el arte del egoísmo?

Jerry: En aquellos tiempos me consideraba muy altruista y da­divoso. Es decir, no me veía como una persona egoísta, por lo tanto también esperaba que los demás fueran generosos. Y el hecho de que no fuera así me molestaba mucho. Entonces des­cubrí el libro de David Seabury The Art ofSelfishness (El valor de ser uno mismo) y me hizo ver el egoísmo desde otra pers­pectiva, y pude entender mejor mi negatividad.

Abraham: Es importante que te permitas prestar atención a lo que deseas. Hay personas que llaman a eso egoísmo, y lo hacen con desaprobación o juzgando. Nosotros, sin embargo, os de­cimos que si no tenéis una visión saludable de vosotros mis­mos, si no os permitís desear y esperar recibir lo que queréis, nunca crearéis deliberadamente y nunca tendréis una expe­riencia en verdad satisfactoria.

Cuando no te aceptas a ti mismo, no sueles aceptar a los de­más. En general el que más desaprueba una cualidad en sí mis­mo la observa en los demás y también la desaprueba. Así, al acep­tarte, aprobarte, apreciarte y permitirte estás dando el primer paso para apreciar, aprobar y aceptar a los demás. Eso no signi­fica que debas esperar hasta que, según tus principios, seas perfecto, o que lo sean los otros, según los suyos, pues no exis­te esa perfección, ya que sois Seres cambiantes en constante evolución. Eso significa buscar e intentar ver en ti lo que quie­res ver o intentar verlo en los demás.

A menudo se nos acusa de enseñar el egoísmo y estamos do acuerdo en que lo hacemos. Todo lo que percibís lo hacéis desde la perspectiva del yo, y si no sois lo bastante egoístas como para insistir en esta conexión o sintonización con vuestro Ser Interior más sabio y vasto, no tendréis nada que ofrecer a los demás. Al ser lo bastante egoístas como para importaros cómo os sentís, podéis utilizar vuestro Sistema de Guía para sintoni­zar con la poderosa Energía de la Fuente; entonces, todo aquel que sea lo bastante afortunado como para ser el objeto de vues­tra atención se beneficiará.

Cuando alguien te desaprueba, demuestra sus propias carencias

Si otras personas ven algo en ti que no aprueban, lo más nor­mal es que notes su desaprobación en sus ojos y que sientas que has hecho algo mal. Nosotros te decimos que no es que tú hayas hecho algo mal, sino que ellos tienen en sus vidas algu­na carencia. Es su incapacidad de Permitirlo que despierta su emoción negativa, no tu imperfección. Del mismo modo, cuando sientes una emoción negativa porque has visto algo en otros que no quieres ver, no es en ellos donde hay algún problema, sino en tí.

Por eso cuando tomes la decisión de ver sólo lo que te gus­ta, empezarás a ver sólo eso, y todas tus experiencias te aporta­rán emociones positivas porque la Ley de la Atracción atraerá sólo lo que está en armonía con lo que deseas. Al comprender el poder de tus emociones puedes dirigir tus pensamientos y ya no necesitas que los demás se comporten de una forma di­ferente para que te sientas bien.

Pero ¿qué pasa cuando alguien viola los derechos de otro?

Jerry: Éste es otro tema que me ha causado mucho malestar en el pasado y me refiero a nuestros mutuos derechos: derechos sobre la propiedad, territoriales o a nuestra propia tranquili­dad. Resumiendo: me enfadaba muchísimo cuando veía que se violaban los derechos de otra persona o cuando veía que al­guien le arrebataba alguna propiedad a otro. También tenía muchos conflictos respecto a quiénes se debía dejar entrar en nuestro país y a quiénes no. ¿Por qué se deja entrar a una per­sona y a otra no? Pero después de conoceros, empecé a ver to­das esas cosas que se hacían como «juegos», más o menos como «acuerdos», tácitos o no. Me encontré algo mejor al no sentir su sufrimiento. Pero ¿puedo llegar a no sentir ninguna emoción negativa cuando veo que alguien viola los derechos de otro? ¿Puedo observar lo que están haciéndose mutuamen­te y pensar: «Os estáis haciendo lo que habéis elegido hace­ros»?

Abraham: Sí. Cuando entiendas que las personas se atraen mutuamente por el poder de sus pensamientos, te sentirás ra­diante en lugar de sentir lástima por lo que pueda sucederles, porque comprenderás que están madurando la emoción ne­gativa o positiva, según el pensamiento que hayan elegido. Por supuesto, la mayoría no entienden por qué les sucede lo que les sucede. Y ésa es la razón por la que hay tantas personas que se consideran víctimas. Creen que son víctimas porque no en­tienden cómo les vienen las cosas. No entienden que las invi­tan a través de su pensamiento o atención. Puede que te ayu­de darte cuenta de que cada experiencia ayuda a aclarar un deseo.

No hay escasez de nada

Ahora que has mencionado los derechos territoriales. Nosotros tenemos un punto de vista bastante diferente del «territorio» del que tenéis los que estáis en vuestra forma física, porque en vuestro mundo físico seguís viendo limitación. Creéis que sólo hay cierta cantidad de espacio, que al final os será arrebatado y que no hay suficiente.

Con vuestra actitud limitada, con vuestro sentimiento de es­casez, en lugar de abundancia, al observar que no hay suficiente espacio, dinero o salud para todos» tenéis una razón para estar en guardia. Desde nuestra perspectiva, no hay limitación de nada, sino un flujo constante de abundancia de todo. Hay suficiente para todos. Cuando entendéis eso, no se plantean sentimientos de limitación, de escasez o de necesidad de protección o de defender los derechos territoriales.

Por la Ley de la Atracción sois atraídos los unos a los otros. Aquí, desde nuestra perspectiva No-Física, la «Familia de Abraham» está unida porque, en esencia, somos lo mismo, y en nuestra similitud nos hemos atraído mutuamente. Por lo tanto, no hay ningún guardián de la puerta. No hay guardias para alejar a los que no están en armonía con nosotros, pues ya no se sienten atraídos porque no les prestamos nuestra aten­ción, lo mismo sucede con vuestro entorno. Aunque no lo veáis con la misma claridad que nosotros, las Leyes actúan para vosotros con la misma perfección que lo hacen para nosotros. Tenéis muchas explicaciones físicas para las cosas, explicacio­nes que aunque en parte puedan ser ciertas no son completas. Es decir, cuando describís cómo el agua llega hasta vuestro vaso señalando el grifo y la llave de paso, nosotros os decimos que hay mucho más que todo eso. Cuando nos explicáis que tenéis agresores que viven en la Tierra a quienes les gustaría arrebataros todo lo que tenéis, nosotros os decimos que no pueden hacer tal cosa. A menos que los invitéis a vuestro pen­samiento, los agresores no formarán parte de vuestra expe­riencia. Ésa es la Ley, en vuestro entorno físico y también en el nuestro No-Físico.

¿Tiene algún valor perder la vida?

Jerry: ¿Nos habéis dicho que gracias a estas experiencias de la vida es cómo aprendemos nuestras lecciones? Pero cuando una persona pierde su vida física en el proceso de alguna expe­riencia violenta, ¿ha aprendido alguna lección?

Abraham: No se os ofrecen «lecciones». No nos gusta mucho esa palabra, pues suena como si hubiera algún orden que de­bierais aprender, y no hay nada de eso. Vuestra experiencia de la vida os aporta conocimiento, sois cada vez más sabios y os expandís más a través de ese conocimiento.

Lo que debéis entender antes de que podáis apreciar el va­lor, incluso cuando se pierde la vida física, es que estáis apor­tando a una experiencia mucho mayor que la que conocéis como vuestra experiencia colectiva en este cuerpo físico. Todo lo que vivís ahora contribuye a un conocimiento aún mayor. Por eso, incluso cuando sois apartados de vuestro enfoque a través de este cuerpo, todo lo que hayáis experimentado aquí pasará a formar parte de ese conocimiento más grande que po­seéis. Por lo tanto, sí, es valiosa una experiencia que hasta pue­de arrebataros la vida física. Nada es gratis.

Soy la culminación de muchas vidas

Jerry: ¿Estáis diciendo que perder la vida es una experiencia que de algún modo contribuye a la experiencia global de ese Ser más vasto?

Abraham: Sí, así es. Has perdido tu vida física en muchas oca­siones. Has vivido miles de vidas. Ésa es la razón por la que tu entusiasmo por vivir es tan grande. No podríamos expresar en palabras todas las veces que habéis vivido, y mucho menos detallarlas; habéis tenido tantas experiencias que el recuerdo de todas ellas no haría más que confundiros y estorbaros. Además, no nacéis en este cuerpo físico para recordar lo que ha pasado antes, porque no queréis distraeros con todos esos recuerdos. Tenéis algo mucho mejor que eso: tenéis un Ser In­terior que es la culminación de todas esas experiencias de vi­das pasadas.

Del mismo modo que ahora sois la culminación de todo lo que habéis vivido, no sirve de mucho que os sentéis a hablar de todo lo que hicisteis cuando teníais 3, 10 o 12 años. Por su­puesto, sois lo que sois debido a todo eso... pero seguir miran­do hacia atrás y revivir esas experiencias no aporta mucho a lo que sois ahora.

Cuando aceptáis que sois Seres magníficos y altamente evolucionados y cuando sois conscientes de vuestros senti­mientos, disfrutáis de los beneficios de vuestro Sistema de Guía Emocional —para saber si lo que vais a hacer es adecuado— que se basa en observar cómo os sentís.

Sois Seres físicos, y conocéis al yo físico, pero la mayoría no os conocéis desde vuestra perspectiva más amplia. El yo físico es espléndido e importante, pero también es una extensión de ese otro yo más vasto, grande, sabio y antiguo. Ese Yo Interior tomó la decisión de venir aquí a enfocarse en este cuerpo por­que quería que la experiencia de esta vida contribuyera a la ex­pansión de su propio conocimiento

¿Por qué no recuerdo mis vidas pasadas?

Antes de venir aquí acordaste que no tendrías recuerdos —me­moria liada, confusa, molesta— de todo lo que habías vivido antes, pero que tendrías un sentido, una Guía procedente de tu interior. También acordaste que la Guía sería en forma de emociones, que se manifestaría en forma de sentimientos. Tu Ser Interior no puede responder con un pensamiento en el mismo momento en que estás pensando y, por eso, acordó ofrecerte un sentimiento para que supieras en el acto si lo que estás pensando, diciendo o haciendo es apropiado en el con­texto de tus intenciones más importantes.

Cada vez que planteas una intención consciente de algo que deseas, tu Ser Interior analiza todos los detalles. Cuando eres más deliberado en lo que ofreces, en la forma de intención —«Quiero, tengo la intención y espero»—, tu Ser Interior asimila todo eso para ofrecerte una Guía más clara, específica y apropiada.

Muchos Seres físicos, al no entender que son los creadores de su propia experiencia, no se plantean intenciones deliberadas. Se resignan a aceptar lo que viene, sin entender que han sido ellos quienes lo han atraído. Pero bajo esas condiciones es más difí­cil permitir, porque te consideras una víctima. Sientes que eres vulnerable, que no controlas nada, y que has de estar en guar­dia por lo que pueda pasar, sin comprender que eres tú mismo quien invitas todo lo que viene. Por eso, es esencial que entien­das cómo llegan las cosas a tu vida antes de que puedas aceptar­te o aceptar a los demás.

¿Qué pasa cuando la sexualidad se convierte en una experiencia violenta?

Jerry: Otro tema que me causa malestar es la moralidad res­pecto a las prácticas sexuales. Ahora he llegado a aceptar las elecciones sexuales de los demás, pero todavía me siento mal cuando alguien usa la fuerza contra otra persona en cualquier área. ¿Puedo hacer algo para que, hagan lo que hagan, tanto si utilizan la fuerza como si no, no afecte a mi pensamiento?

Abraham: No importa cuál sea el tema, es importante que en­tiendas que no hay víctimas. Sólo co-creadores.

Todos sois como imanes que atraéis a vosotros el objeto de vuestro pensamiento. Si alguien piensa o habla mucho de vio­lación, es muy probable que sea la «víctima» de tal experiencia. Porque la Ley atrae la esencia de aquello en lo que piensas.

Cuando piensas sintiendo una emoción, inicias un proceso de creación y luego esperas, así que ésa se convierte en tu expe­riencia. Hay muchas personas que lanzan creaciones que nun­ca reciben en su experiencia porque sólo hacen la mitad de la ecuación. La lanzan con el pensamiento, incluso con un pensa­miento emocional, pero luego no esperan y, por lo tanto, no re­ciben. Esto es así para las cosas que deseas, al igual que lo es para las que no deseas.

¿Cuáles son mis expectativas respecto a este tema?

Hemos dado el ejemplo de ir a ver una película de terror don­de tienes estímulos muy claros y vividos a través del sonido y la imagen. Ahora has lanzado una creación de ese escenario al pensar en él, con frecuencia con mucha emoción, pero cuando te marchas del cine, dices: «Sólo era una película, eso no me pasará a mí». Por lo tanto, no completas la parte de las ex­pectativas.

Observad que en vuestra sociedad, cuanto más se habla de cualquier tema, más expectativas tiene el público de que dicho tema se produzca. Del mismo modo, cuanto mayores son las expectativas de las personas respecto a algo, mayor es la proba­bilidad de que atraigan ese algo.

No pienses en lo que no deseas, y no lo experimentarás. No hables de lo que no quieres, y no lo atraerás a tu vida. Cuando entiendes eso, al observar a otros que tienen experiencias que no deseas, no sentirás una emoción tan negativa, porque en­tenderás que están en su proceso de recibir la comprensión de cómo llegan las cosas a su vida.

Bien, es cierto que nadie es feliz viendo cómo violan, roban o asesinan a otra persona. No son experiencias agradables. Pero cuando llegas a entender cómo atraes los acontecimien­tos, ya no piensas en ello y tampoco serás la persona que con­templa todo eso.

Atraes a tu experiencia aquello en lo que piensas. La tele­visión te confunde porque, cuando la enciendes con la inten­ción de entretenerte, los telediarios te dan noticias horribles sobre todo lo malo que está pasando. Pero si —hagas lo que hagas— tienes la intención de ver sólo aquello que quieres ver, serás atraído a la televisión antes de la hora de las noticias.

Estoy preparando mi futuro en este momento

Cuando lees algo en un periódico o revista que te despierta una emoción negativa, puedes apartarlo inmediatamente en lugar de seguir leyendo y recibir más emoción negativa, pues la Ley de la Atracción está contribuyendo al tema. Pero aparte de eso, en este momento, cuando pretendes atraer sólo aquello que deseas, has de empezar a preparar tus acciones futuras para que éstas no sean tan radicales. No te sentirás atraído hacia la televisión, ni hacia los periódicos, sino que, gracias a la Ley de la Atracción, te sentirás atraído hacia el objeto de tu in­tención deliberada.

La razón por la que muchos os sentís atraídos por objetos que no pretendíais es porque no tenéis una intención deliberada. No expresáis las suficientes veces lo que queréis y por lo tanto atraéis algo de todo. Cuanto más deliberado eres a la hora de pensar en lo que deseas, más preparas el camino y menos ac­ción necesitarás para alejar las cosas que no quieres. La televi­sión no te tenderá emboscadas, por así decirlo, ni tampoco lo harán los depredadores de tu sociedad, pues el Universo habrá preparado algo distinto para ti.

¿Qué pasa con los niños ¡nocentes?

Jerry: Muchas personas aceptarán la premisa básica de crear a través del pensamiento, Abraham, pero el punto donde veo que muchas personas se quedan encalladas, por así decirlo, o que les cuesta entender vuestras enseñanzas es en lo que respecta a los niños. Entonces preguntan: «¿Qué pasa con los niños inocen­tes? ¿Cómo pueden tener pensamientos que les deformen el cuerpo, les causen enfermedades o alguna invasión violenta de sus cuerpos?»

Abraham: Se debe a que los bebés han estado rodeados de per­sonas que han tenido esos pensamientos y están recibiendo la esencia de los mismos.

Jerry: ¿Algo así como la telepatía?

Abraham: Así es. Mucho antes de que el niño empiece a hablar, piensa. Pero no puedes saber el grado de claridad de su pensa­miento, porque todavía no ha aprendido a comunicarse verbalmente contigo. No puede comunicar sus pensamientos.

Jerry: El niño no piensa en palabras. Es cierto, puedo notar que los bebés piensan mucho antes de que puedan verbalizarlo.

Abraham: El niño piensa y recibe el pensamiento vibratorio que le ofreces desde el día en que entra en este entorno. Ésta es la razón por la que las creencias se transmiten con tanta facili­dad de padres a hijos, de generación en generación. El niño re­cibe la vibración de tus miedos y creencias, aunque no los ver-balices. Si quieres hacer algo muy valioso para tu hijo, piensa únicamente en lo que deseas y ese bebé recibirá sólo pensamien­tos positivos.

¿No deberían los demás satisfacer sus acuerdos conmigo?

Jerry: Abraham, respecto a Permitir, todavía tengo en mi men­te un viejo refrán que dice: Uno tiene derecho a hacer lo que quiera (que para mí era «Permitir») siempre y cuando no inter­fiera en los planes de otro, o dicho de otro modo, tu libertad ter­mina donde empieza la del otro.

Si voy por la vida dejando que los demás sean y tengan lo que quieran, si eso interfiere en algo que previamente hemos acordado, a veces es difícil no recordar ese acuerdo y querer que cumplan con sus responsabilidades.

Abraham: Mientras te siga preocupando que otro interfiera en tu experiencia o que su libertad afecte a la tuya, no comprenderás realmente cómo llegan las cosas a tu vida. Hoy puedes empezar a pensar y a atraer sólo lo que deseas. Tu pregunta se ha planteado porque ayer o en algún momento de tu pasado no entendías esto y estabas invitando —por medio de tu pensamiento— a aquellas personas que limitaban tu libertad. Por eso, ahora es el momento de preguntarte: « ¿Qué puedo hacer al respecto?»

Si en tu experiencia hay personas que limitan tu libertad de una manera molesta, aparta tu atención de ellas y se marcharán, y en su lugar llegarán las personas que te hacen sentirte cómo­do y que están en armonía contigo. Pero lo que suele suceder es que cuando limitan tu libertad, cuando hacen cosas que no quie­res que hagan, les prestas tu atención. Te enfadas cada vez más y entonces, por la Ley de la Atracción, atraes más de la esencia de lo que detestas, hasta que hay más de una persona así en tu expe­riencia. Te aparecen dos, tres o más... Aparta tu atención de lo que no te gusta, ponía en lo que te gusta y cambiarás el sentido de la inercia. No lo conseguirás enseguida, pero empezará a cambiar.

Si cada mañana durante 30 días empiezas diciendo: Tengo la intención de ver, quiero ver y esperar, independientemente de con quién trabaje, con quién hable, de dónde esté, y de lo que esté haciendo... voy a ver lo que quiero ver, cambiarás la inercia de la experiencia de tu vida. Todo lo que no te gusta desaparecerá de tu experiencia y será reemplazado por las cosas que te gustan. Así es. Es la Ley.

Nunca conseguiré lo incorrecto... o sí

Cuando decimos que desde tu perspectiva No-Física, desde la perspectiva de la que gozabas antes de adoptar este cuerpo físico, tu intención era ser Permitidor y comprender el Arte de Permitir, lo que queremos que entiendas es que nunca alcanzarás por completo esta meta. No eres como una mesa que se puede imaginar y luego se fabrica. Estás en un estado ininterrumpido de convertirte en algo. Estás en un proceso de crecimiento eterno. Pero siempre eres lo que eres en este momento.

Has de entender las Leyes del Universo hasta ser uno con ellas. Has de entender por qué te suceden las cosas y no sentir­te una víctima o vulnerable a los antojos de los demás.

Es difícil que entiendas estas cosas cuando estás en medio de lo que parecen ser dos mundos: el mundo que has creado antes de entender esto y el que estás en proceso de crear ahora que lo comprendes con mayor claridad. Así, algunas de las co­sas que están en tu experiencia en estos momentos son porque lo que habías preparado o pensado en el pasado no encaja muy bien en lo que quieres ahora. Sabemos que es un poco desa­gradable estar en esta etapa transitoria, pero ese malestar irá desapareciendo a medida que se vaya aclarando lo que quieres. Gran parte del impulso que habían tomado las cosas debido a tus pensamientos del pasado irá perdiendo fuerza.

Cuando estás en un estado de emoción positiva y de consi­derar sólo lo que estás haciendo, pensando o hablando, estás Permitiéndote ser. Cuando estás en un estado de emoción posi­tiva respecto a tu visión de la experiencia de otro, estás Permi­tiendo ser a otro. Es así de fácil... no puedes tener una emoción negativa respecto a ti mismo y estar en el estado de Permitir­te ser.

Un Permitidor es alguien que siente una emoción positiva, lo que significa que has de tener control sobre lo que prestas tu atención. Eso no quiere decir que pongas al mundo entero a raya para que todo y todos sean como tú quieres. Significa que eres capaz de ver y por lo tanto de solicitar al Universo, a tu mundo, a tus amigos, aquello que está en armonía contigo, a la vez que dejas que otras partes pasen por tu lado sin que te per­cates de ellas, por lo tanto, sin atraerlas ni invitarlas a tu vida. Eso es Permitir.

Y les diremos a vuestros amigos que Permitir es el estado más glorioso de Ser que alcanzaréis jamás a largo plazo y de manera continuada. Pues cuando sois Permitidores, vuestra es­piral es ascendente, pues ninguna emoción negativa puede de­sequilibraros y haceros bajar. No hay movimiento hacia atrás en el péndulo. ¡Siempre vas hacia arriba!

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 
 

 

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