Llama Violeta

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LOS VIDENTES Y LOS MÉDIUMS

Los Mensajes de los Sabios

CAPITULO 12

Brian Weiss

 

   En el estado espiritual se aprende mucho más deprisa, mucho más rápido que en el físico, pero elegimos lo que tenemos que aprender. Si tenemos que regresar para trabajar mediante una relación, regresamos. Si ya hemos terminado ese tema, seguimos. Quienes están en forma espiritual siempre pueden ponerse en contacto con los que están en estado físico si quieren, pero sólo para cosas importantes... Si hay que contarles algo que tienen que sabe A veces se puede aparecer ante esa persona y tener el mismo aspecto que cuando se estaba en estado físico. O se puede establecer simplemente un contacto mental. A veces los mensajes son crípticos, pero la mayoría de las veces la persona sabe a qué se refieren. Comprenden que es contacto mental.

   Según mis investigaciones y experiencias con miles de pacientes y mis averiguaciones sobre los poderes de algunos de los médiums psíquicos con más poderes d mundo, al parecer no estamos solos en el universo. el Más allá de nuestra dimensión física, el mundo «oculto» parece que se encuentra habitado por toda una serie

de espíritus de distintos desarrollos y capacidades. Algunos han evolucionado mucho y otros poco. Algunos

han vivido vidas. físicas en la Tierra y están entre existencias. Otros ya han «terminado» y no tienen que

regresar, a no ser que quieran hacerlo para ayudar a la humanidad. Y aún hay otro grupo que no se ha

encarnado en nuestro mundo físico y nos ayuda desde el otro lado.

   Da igual que les llamemos espíritus, ángeles o guías. Existen numerosas pruebas de su existencia, que han ido recogiendo muchas culturas y religiones diversas a lo largo de los siglos.

   Los bebés y los niños pequeños suelen ser conscientes de los espíritus y las energías de amor que haya nuestro alrededor, pero su capacidad de comunicación es limitada. Los adultos tendemos a no creerles y relegamos sus observaciones y percepciones al campo de la imaginación y la fantasía. Y sin embargo, las cosas que ven u oyen suelen ser muy reales.

   Cuando morimos y abandonamos el cuerpo físico, pasamos al nivel de conciencia en el que nos sentimos más cómodos. Cuanto más amor y sabiduría experimentemos, más avanzados estaremos en el otro lado.

   Sigue sorprendiéndome la similitud de los conocimientos que me transmiten mis pacientes cuando están en estados meditativos o hipnótico s profundos. Gente que no ha acabado los estudios, físicos nucleares, abogados y atletas profesionales me cuentan prácticamente las mismas cosas sobre el estado espiritual y nuestro objetivo en la Tierra, lo que da bastante credibilidad a sus experiencias.

   Quiero subrayar una vez más que esos descubrimientos son médicos y que los he ido acumulando a partir de muchos cientos de pacientes. Encontrar tanta similitud y tantas correlaciones es algo sumamente significativo desde el punto de vista estadístico.

   A algunos individuos se les da mejor comunicar conocimientos de fuentes espirituales. El vidente estadounidense Edgar Cayce fue un ejemplo de ello, y su obra se ha estudiado y analizado detenidamente.

Todos hemos oído hablar de los poderes de algunos videntes y clarividentes de Oriente, como Paramahansa Yogananda, pero en Occidente también hay personas con dotes parecidas. He tenido la suerte de conocer a algunas y he sido aún más afortunado al poder comprobar que su trabajo da validez a las experiencias y las historias de mis pacientes.

   Yo evalúo mis experiencias con la mente preparada de un psiquiatra. Ser analítico es completamente compatible con ser abierto de miras. He conocido a personas con poderes increíbles y también a otras con dotes limitadas o inexistentes.

   Los espíritus, lo mismo que la gente, tienen muchos niveles. Los de los niveles inferiores pueden transmitir mensajes equívocos o incluso perjudiciales, normalmente a personas con poderes de médium limitados o

faltos de un desarrollo espiritual adecuado. Los espíritus de niveles superiores parecen accesibles sólo a personas con un desarrollo espiritual superior y a quienes tienen una Intención genuina, a los que no poseen motivaciones ulteriores para enriquecerse a costa de los demás.

   Cuando una persona conoce a un vidente o a un Sabio cUya motivación es ayudar a los demás a comprender, curar los corazones y ayudarles en su trayecto espiritual, puede sufrir un cambio profundo de su conciencia. El mundo le parecerá diferente, lleno de seres ocultos que están aquí para ayudarnos e inundado de una energía de amor que refresca y renueva su alma.

   Puede que usted mismo experimente espontáneamente otros hechos que transformen su vida. Los sueños, las experiencias de déjà vu, los episodios de clarividencia y otros sucesos paranormales (incluidas las experiencias cercanas a la muerte) pueden provocar un despertar permanente a la verdadera naturaleza de la realidad. La meditación puede aumentar la posibilidad de que sucedan una o más de esas experiencias.

   Sin embargo los seres humanos tendemos a olvidar, o al menos a racionalizar y minimizar, cualquier experiencia que consideramos «improbable» o «extraordinaria». Es más, dejamos que la mente «lógica» reste el significado espiritual a la experiencia. Alguien dijo una vez que lo que llamamos coincidencias, en realidad son las huellas dactilares de Dios.

   No puedo inducir regresiones a un número suficiente de ustedes, ni formar a bastantes terapeutas para que traten a todo el mundo (y me refiero a todo el planeta). Pero lo que sí puedo es compartir estas historias y experiencias verdaderas con ustedes, recordándoles una vez más su naturaleza espiritual y que en todo.

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momento les llena y les rodea una energía de amor y ayuda.

   Como decían los místicos cristianos, no se trata de seres humanos que tienen una experiencia espiritual, sino de seres espirituales que tienen una experiencia humana.

   A medida que he ido explorando más y más en la mente humana y en los límites de la conciencia, me he topado con gente con poderes extraordinarios. Algunos acceden a información que normalmente no puede conseguirse a través de los cinco sentidos. Parece como si tuvieran un sexto sentido, un conocimiento o una intuición interiores, y a veces la información recibida de ese modo puede ser bastante precisa.

   Otros tienen poderes de médium, la capacidad de recibir y transmitir mensajes y conocimientos de seres «del otro lado», sean guías espirituales, seres queridos ya fallecidos u otras fuentes de conciencia situadas fuera de los límites habituales del cuerpo y del cerebro.

   A la gente que de verdad tiene aptitudes no le hace falta engañar, utilizar trucos o magia. Saben cosas que no «pueden» saber según nuestra concepción actual del funcionamiento de la mente humana. Sus dotes son auténticas.

   Por otro lado, el campo de los videntes y los médiums está repleto de oportunistas, farsantes y

manipuladores. Es muy importante ser capaz de separar a los auténticos de los falsos.

   He aquí algunas reglas generales:

   1. Todos tenemos poderes psíquicos y muchas más aptitudes intuitivas de las que conocemos o utilizamos.

Sopese detenidamente cualquier dato o material que reciba de un vidente, de acuerdo con su propia sabiduría intuitiva. Si la información que le ha dado no le parece correcta o no encaja, es probable que sea incorrecta.

   

También usted tiene poderes psíquicos.

   2. Es inevitable que el vidente o el médium procese toda la información que recibe antes de transmitírsela a usted, por lo que puede quedar sensiblemente distorsionada por los procesos mentales de esa persona. El alcance de la distorsión depende de los intereses individuales del médium. Los videntes son seres humanos, e incluso uno con poderes puede transmitir información distorsionada si se entrometen sus problemas, estados de ánimo, preocupaciones o deseos personales.

   3. Los oportunistas suelen cobrar mucho dinero, intentan que la persona dependa de sus consejos y les considere «especiales», con poderes que nadie más posee, o gurús a los que hay que seguir. Cuando se percate de estas tácticas, salga con la mayor rapidez que le sea posible.

   Me sorprendió mucho descubrir que en Suramérica, los médiums y los curanderos con poderes de verdad -

muchos de los cuales se ganan la vida con otras profesiones-, se desplazan a menudo hasta la casa de personas con problemas financieros que necesitan su ayuda o sus cuidados. Piden permiso en el trabajo, se pagan ellos mismos el transporte y no les cobran nada a sus pacientes.

   4. El crecimiento verdadero es un proceso interior. Aunque un vidente puede ayudarle a descubrir cómo acceder a su sabiduría interior, con la suficiente meditación usted se convertirá en su propio vidente y superará la necesidad de indicaciones externas. Sin embargo, al principio la validez que dé un vidente o un médium que trabaje con una distorsión mínima puede ser de mucha ayuda.

   5. Los poderes de videntes o de médiums no se corresponden necesariamente con la evolución espiritual.

Algunos médiums con muchas aptitudes se han comportado de forma muy egoísta, incluso vilmente. No le confiera una categoría espiritual injustificada a alguien simplemente porque tenga poderes paranormales extraordinarios. Se presta a que le manipulen y abusen de usted SI cree que porque un médium tiene poderes es necesariamente una persona íntegra.

   6. También es conveniente recordar que, en su mayoría, los médiums y los videntes no son terapeutas ni especialistas en salud mental con formación en técnicas terapéuticas. No espere que sus miedos, sus síntomas o sus problemas desaparezcan milagrosamente tras una sesión de videncia. No se haga ilusiones de que vaya a producirse una interpretación terapéutica que de repente haga que encajen todos sus problemas y le permita comprender algo que le cure. Lo que hacen no es eso. Les faltan años de formación, en su mayoría, y no están preparados para analizar e interpretar el material que pueda surgir. Lo perciben y se lo presentan.

Puede q consigan vislumbrar algo de otro mundo y que eso sea de sumo valor para curarle, pero eso no es una psicoterapia.

   Si un médium le cuenta algo inexacto o incluso perjudicial, recuerde que no se trata necesariamente de un terapeuta preparado y compasivo. Juzgue al médium, en caso necesario, como juzgaría a otra persona. No renuncie a su autoridad o a su integridad ante nadie.

   7. Aunque a menudo admiramos e incluso envidiamos a personas que tienen grandes poderes como vidente o médium, no debemos perder de vista cuáles son nuestros auténticos objetivos. Estamos aquí para aprender y para desarrollarnos como seres espirituales, para sentir más amor y más compasión, para alcanzar un equilibrio y una armonía en nuestras vidas, para sentir y mantener una paz interior. No estamos aquí, aunque también en este caso hay algunas excepciones, para convertirnos en videntes famosos. Los poderes de videncia pueden aumentar a medida que avanzamos por nuestro camino espiritual, pero no son el objetivo.

Señalan el camino, arrojan cierta luz sobre el recorrido, pero no son un fin en sí mismos.

   Hace años oí una historia sobre Buda y sus discípulos. Un día que estaban meditando en un jardín tranquilo, uno de los discípulos, que se encontraba en un estado meditativo profundo, se puso a levitar; Al darse cuenta de que su cuerpo se levantaba del suelo, se sintió muy emocionado y orgulloso de su logro. Abandonó la meditación y observó que tocaba el suelo de nuevo. Se levantó y fue hacia donde estaba Buda.

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   -He dominado la levitación -anunció el discípulo. -Está bien -respondió Buda-, pero que eso no te distraiga de tu meditación.

   8. Algunas personas con poderes parecen capaces de comunicarse con espíritus del otro lado. No importa cómo interpretemos los posibles métodos y mecanismos: está sucediendo algo muy real y de mucha fuerza. El que alguien haya muerto y regresado a su forma espiritual no le confiere inmediatamente una gran sabiduría.

Lo mismo puede decirse de los guardianes y los guías espirituales. Existe una jerarquía con distintos niveles, desde los espíritus ignorantes y estúpidos hasta los que son maestros muy avanzados. Evidentemente, es importante distinguir las diferencias. Si alguien transmite un mensaje de un espíritu estúpido e ignorante, ¿por qué motivo va a escuchar usted lo que dice? Entonces, ¿cómo saber de quién procede el mensaje? También en este caso hay que utilizar la sabiduría intuitiva. Puede reconocer a los espíritus de nivel avanzado por su exactitud y por el contenido de amor de sus mensajes. Suelen tener acceso a detalles privados que dan validez a la experiencia.

   9. El médium puede recibir mensajes del otro lado en forma de símbolos, metáforas o visiones. Esa parte de la comunicación puede ser muy precisa. Sin embargo, si el médium intenta interpretar o comprender el símbolo, introduce con frecuencia distorsión en el mensaje. La interpretación del médium puede ser engañosa o inexacta. Por ejemplo, puede que el médium vea una rosa y le pregunte al cliente si tiene un jardín o si las flores son importantes para él. Eso puede confundirle. En realidad, la imagen puede ser una referencia a la abuela del cliente, que se llamaba Rosa. Lo ideal es que el médium describa sólo lo que vea: «¿"Rosa" significa algo para usted?»

   En ocasiones, en especial cuando los mensajes recibidos llegan en forma de palabras, el médium puede creer que la comunicación es poco clara, como si estuviera escuchando una radio con muchas interferencias.

En esas condiciones, las palabras pueden malinterpretarse. Esa «interferencia» explica por qué los médiums suelen pedirles a los espíritus con los que están en contacto un «sí» o un «no» por respuesta. Eso les indica si están interpretando o leyendo con precisión las señales recibidas.

   10. Los videntes y médiums con poderes pueden ayudarnos muchísimo, sobre todo cuando vislumbran el otro lado y nos transmiten mensajes de nuestros seres queridos fallecidos. A través de ellos experimentamos la realidad de la vida después de la muerte, la naturaleza de nuestras almas inmortales, las oportunidades de reencontrarnos con nuestros familiares y amigos. Pueden aconsejamos sobre el modo de vida que llevamos, sobre valores, sobre lo que es importante y lo que no lo es. Sin embargo, en última instancia tenemos que experimentar todas esas cosas directamente, en nuestro interior. Cuando experimentamos es cuando sabemos de verdad. Cuando oímos o vemos o sentimos directamente a nuestros seres queridos fallecidos es cuando sabemos que sólo estamos separados temporalmente. Cuando podemos experimentar directamente lo divino, con éxtasis y asombro, es cuando despertamos como los sabios y los místicos despertaron antes que nosotros.

   Hay muchas formas de aumentar la sensibilidad de la propia videncia. Escuche sus intuiciones y confíe en ellas. Observe si a menudo son correctas. Por ejemplo, cuando suena el teléfono intente adivinar quién llama.

El primer nombre o la primera idea que le venga a la mente será el más acertado. Practique juegos de intuición parecidos siempre que tenga oportunidad (por ejemplo, de qué color va a ir vestido un amigo con el que se tiene que ver). Muchos de los ejercicios que figuran al final de este libro, como la psicometría, «Las caras», el rastreo de energía y las visualizaciones, también le permitirán practicar más y perfeccionar sus dotes de videncia e intuitivas. También pueden manifestarse esos poderes cuando realice esos ejercicios. Las dos meditaciones más largas del Apéndice B supondrán también una práctica muy útil.

   El arte de la meditación se trata también en detalle más adelante. La práctica habitual de la meditación o una técnica introspectiva relacionada abren asimismo los canales psíquicos y permiten experimentar directamente el mundo psicoespiritual. Querer abrirse a experiencias de videncia también es importante. Antes de irse a la cama, dígase que tiene que ser receptivo ante sueños y mensajes psíquicos. Intente que se presenten y acuérdese de anotar sus experiencias al despertar.

   Incluso la conciencia creciente de que su naturaleza verdadera es espiritual servirá para aumentar las posibilidades de tener experiencias místicas y psíquicas. Su mente se sentirá más cómoda y a gusto con fenómenos de ese tipo y dará pie a que se den más. Como ha dicho el escritor Wayne Dyer, «lo verá cuando lo crea».

   Una de mis pacientes estaba sufriendo mucho por la muerte de su hijo, que había fallecido en 1994 a los trece años. Fue algo repentino, inesperado, debido a una hipertrofia del corazón que no le habían diagnosticado. Su hermana estaba con él cuando murió.

   La familia empezó a visitarme para intentar superar la tragedia. Dos años después, la madre entró en mi consulta con su marido y sus hijas, una de doce años y la otra un bebé que tenía hambre y estaba inquieto. Se fue con la pequeña para darle el pecho mientras los otros dos se quedaban conmigo en la consulta.

   Empezamos a hablar de coches, y de repente el hombre se puso muy triste.

   -¿Qué pasa? -le pregunté.

   -Mi hijo tendría ahora quince años y yo estaría enseñándole a conducir, si estuviera vivo... Siempre me había hecho ilusión conducir con él, y ahora nunca tendré oportunidad de hacerlo -dijo en voz baja.

   Hablamos de su tristeza durante un momento y después pasamos a otros temas.

   Cuando regresaron la madre y el bebé, empecé un ejercicio de imágenes guiadas con ella y con la otra hija.

El padre iba paseando con el bebé en brazos por la parte de atrás de la consulta para que se durmiera. Les  pedí a las dos que se imaginaran un cofre muy hermoso y que lo llenaran con las cosas que de verdad necesitaban en sus vidas. La madre se puso a llorar en silencio.

   Después le pregunté qué había experimentado.

   -He visto a mi hijo -contestó- y para mí era muy vívido y real. Me he puesto a meterlo en el cofre y entonces me ha hablado. «No tienes que meterme en el cofre», ha dicho. Le he contestado que quería que estuviera siempre conmigo, y entonces me ha respondido: «Estoy contigo en todo momento. Os quiero a todos. Dile a papá que tiene razón. Me encanta conducir con él, sobre todo cuando está solo.»

   Ella no sabía nada de la tristeza ni de los lamentos de su marido, ni de nuestra conversación de un rato antes. La visión de su hijo y la conversación la ayudaron mucho a empezar a superar su dolor. Era una experiencia propia, y de inmediato le dieron validez su marido y su hija. Había establecido contacto con su hijo.

Tenía la sensación de que había hablado con él de verdad. Su familia se sintió unida gracias a esa experiencia directa con él. Seguían sufriendo, pero había empezado su recuperación.

   Todos somos seres espirituales. Todos somos capaces de tener experiencias de videncia directas, como aquella madre con su hijo muerto.

Sin embargo, para la mayoría de nosotros es más fácil recibir esos mensajes del otro lado de un modo algo más indirecto, a través de un médium que tenga poderes de verdad y buen corazón. Las consecuencias de esos mensajes de nuestros seres queridos muertos, pueden tener también mucha fuerza y cambiar nuestra vida.

 

 
 
 
 
 
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