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SINCRO-DESTINO

SINCRODESTINO Y ESTADOS DE CONCIENCIA

Deepak Chopra

 

Sincrodestino y estados de conciencia

Según los Vedas, existen siete estados de conciencia, pero muchos de ellos no han sido investigados

por los científicos médicos modernos. De hecho, la ciencia establecida no reconoce muchos de estos.

En India, uno de los más grandes sabios del siglo pasado, Sri Aurobindo, dijo que como estamos en

una etapa muy temprana de la evolución humana, la mayoría experimentamos sólo los primeros tres

estados de conciencia: sueño, vigilia y onirismo. Con el tiempo reconoceremos y comprenderemos

los estados expandidos de conciencia y, cuando lo hagamos, conceptos tales como sincronicidad,

telepatía, clarividencia y conocimiento de vidas pasadas serán aceptados por todos.

        Cada uno de los siete estados de conciencia representa un incremento en nuestra experiencia

de la sincronicidad; cada estado sucesivo nos acerca al ideal de iluminación. Todos experimentan los

primeros tres estados básicos, pero por desgracia la mayoría nunca va más allá de ellos.

        El primer nivel de conciencia es el sueño profundo. En el sueño profundo tenemos cierta

conciencia: respondemos a estímulos como sonido, luz brillante o sensaciones táctiles, pero en

general nuestros sentidos es tan embotados y hay muy poca cognición o percepción.

        El segundo estado de conciencia es el onírico. Durante la experiencia onírica estamos un poco

más despiertos y un poco más alertas que durante el sueño profundo. Cuando soñamos tenemos

experiencias: vemos imágenes, escuchamos sonidos, incluso pensamos. Mientras soñamos, el

mundo de nuestros sueños parece real, importante y pertinente. Es sólo cuando despertamos que

reconocemos al sueño como una realidad confinada, al momento en el que estábamos soñando y

quizá no directamente relevante como nuestra vida de vigilia.

        El tercer estado de conciencia es la vigilia. Es en el que estamos casi todo el tiempo. La

actividad cerebral mensurable del estado de vigilia es muy diferente a la de los estados de sueño

profundo y onirismo.

        El cuarto estado de conciencia ocurre cuando logramos echar un vistazo al alma, cuando

trascendemos, cuando estamos absolutamente quietos y tranquilos, aunque sea por una fracción de

segundo, y tomamos conciencia del observador que está dentro de nosotros. Este estado de

conciencia se presenta durante la meditación, cuando percibimos los huecos, esos tranquilos

momentos que están entre nuestros pensamientos. Las personas que meditan regularmente tienen

esta experiencia cada vez que meditan. Como resultado, su estado del yo se expande.

        El cuarto estado de conciencia también produce sus propios efectos fisiológicos. Los niveles

de cortisol y adrenalina descienden, el estrés se reduce, la presión sanguínea disminuye y las

funciones inmunológicas se agudizan. Los investigadores han demostrado que cuando percibimos el

hueco que está entre los pensamientos, la actividad cerebral es muy distinta a la que tenemos

cuando simplemente estamos despiertos y alertas. Esto significa que el hecho de atisbar el alma

produce cambios fisiológicos en el cerebro y el cuerpo. En este cuarto estado de conciencia, así

como podemos echar un vistazo al alma, también podemos ver los inicios de la sincronicidad.

        El quinto estado de conciencia recibe el nombre de conciencia cósmica. En este estado tu

espíritu puede observar tu cuerpo material. Tu conciencia va más allá de la vigilia de tu cuerpo y del

atisbo del alma; tiene conocimiento cabal de tu lugar como parte del espíritu infinito. Aun cuando tu

cuerpo está dormido, tu espíritu, el observador silencioso, mira al cuerpo en sueño profundo, casi

como una experiencia fuera del cuerpo. Cuando eso ocurre hay una conciencia atenta y observadora,

no sólo cuando duermes y sueñas, sino también cuando estás completamente despierto. El espíritu

observa y tú eres el espíritu. El observador puede ver el cuerpo que sueña y el sueño, en forma

simultánea. La misma experiencia ocurre en la conciencia de la vigilia. Tu cuerpo puede estar jugando

un partido de tenis, hablar por teléfono o ver la televisión. Mientras tanto, tu espíritu está observado

al cuerpo-mente realizar estas actividades.

     

        Este quinto estado se llama conciencia cósmica porque tu conciencia es circunscrita y no

circunscrita al mismo tiempo. En este quinto estado, cuando percibes tu conexión con la inteligencia

no circunscrita, es cuando la sincronicidad empieza a manifestarse con toda su fuerza. En este

estado, te das cuenta de que una parte de ti está circunscrita y que otra, por ser no circunscrita, está

vinculada con todo. Experimentas plenamente tu unidad con todo lo que existe. Tu intuición, tu

creatividad y tu conciencia aumentan. Las investigaciones muestran que cuando alguien ha

alcanzado un estado de conciencia cósmica tal que tiene esta experiencia de observación, aun

cuando esté ocupado en otras actividades, sus ondas cerebrales semejan a las que se producen

durante la meditación. Estas personas pueden estar jugando fútbol, pero sus ondas cerebrales son

idénticas a las de una persona que está meditando.

        El sexto estado de conciencia se llama conciencia divina. En éste, el observador está cada

vez más y más alerta. En la conciencia divina no sólo sientes la presencia del espíritu en ti, sino que

empiezas a sentir ese espíritu en todos los seres. Ves la presencia del espíritu en las plantas. En

última instancia, sientes la presencia del espíritu en las piedras. Reconoces que la fuerza que anima

la vida se expresa en todos los objetos del Universo, tanto en el observador como en lo observado,

tanto en el espectador como en el escenario. Esta conciencia divina nos permite ver la presencia de

Dios en todas las cosas. Las personas que están en un estado de conciencia divina son capaces de

comunicarse, incluso, con los animales y las plantas.

        Éste no es un estado de conciencia constante para la mayoría. Entramos y salimos de él. Sin

embargo, los grandes profetas y videntes, entre ellos Jesucristo, Buda, muchos yoguis y muchos

santos, vivieron en la conciencia divina.

        El séptimo y último estado de conciencia, el objetivo final, se llama conciencia de unidad.

También puede llamársele iluminación. En la conciencia de unidad, el espíritu de quien percibe y el de

lo percibido se funden y se convierten en uno. Cuando esto ocurre, vemos el mundo como una

extensión de nuestro propio ser. No sólo nos identificamos con nuestra conciencia personal sino que

vemos que el mundo entero es una proyección de nuestro ser. Hay una transformación completa del

yo personal al yo universal. En este estado, los milagros son comunes pero no son necesarios porque

el reino infinito de posibilidades está a nuestro alcance en todo momento. Trascendemos la vida.

Trascendemos la muerte. Somos el espíritu que siempre fue y siempre será.

Cómo desplazarse entre los estados de conciencia

El sincrodestino acelera nuestra capacidad de avanzar por los estados de conciencia con cuatro

métodos. El primero y más importante es la meditación diaria. La meditación nos permite atisbar el

alma a través de los huecos que hay entre los pensamientos, y descubrir al observador silencioso que

está en nuestro interior. Es el paso que nos permite avanzar del tercero al cuarto estado de

conciencia, de estar simplemente despiertos, a estar atentos y ser conscientes del alma. El segundo

método consiste en practicar la recapitulación como se describe en el capítulo 5. La recapitulación

nos permite cultivar a ese observador silencioso, que puede llevarnos del cuarto al quinto estado de

conciencia. La recapitulación nos permite reconocer que lo que era real durante el día es ahora parte

del sueño, tal como la realidad de un sueño se desvanece cuando despertamos. El simple hecho de

pensar: «Voy a observar mis sueños» te permite experimentar lo que se conoce como «sueño

lúcido». Pronto podrás convertirte en coreógrafo y director de tus sueños y modificarlos mientras

ocurren. Si recapitulas tu día de vigilia y tus sueños, empezaras a desarrollar esa capacidad de

observar durante la vigilia, tanto tus sueños como tus experiencias diurnas.

        El tercer método consiste en favorecer las relaciones, en experimentarlas como una conexión

entre espíritu y espíritu y no entre un ego y otro. Esto facilita el acceso al sexto estado de conciencia.

El abandono de tu necesidad de aprobación y de control acelera este proceso. Cuando las personas

están verdaderamente sintonizadas entre sí, experimentan la sincronicidad en su relación.

        El cuarto método consiste en leer los sutras. En mi experiencia, si lees la misma oración, el

mismo sutra todos los días, éste empezará a adoptar nuevos significados y a engendrar nuevas

experiencias conforme tu conciencia se expande. La sabiduría védica sostiene que el conocimiento

es distinto en cada estado de conciencia. Conforme tu conciencia se expande, la misma oración

empieza a tomar nuevos matices de significado que te permiten una comprensión más profunda. Esa

comprensión influye en tu manera de experimentar el mundo y esas experiencias pueden influir en tu

estado de conciencia. Con el tiempo y la práctica aprenderás a ver el mundo como nunca creíste

posible, lleno de magia y milagros, capaz de satisfacer cada deseo de tu corazón.

Qué esperar del sincrodestino

Aunque las ideas presentadas en este libro pueden ser el principio de una vida entera de evolución y

realización personales, de ti depende si quieres penetrar en la conspiración de improbabilidades y

encontrar el tesoro escondido que yace detrás de ella. Puedes iniciar el camino hacia el sincrodestino

como una manera de obtener riquezas, para encontrar relaciones más significativas o para alcanzar

el éxito en tu carrera. Sin duda, el sincrodestino puede hacer todo esto por ti. Sin embargo, su

objetivo último es expandir tu conciencia y abrir una puerta hacia la iluminación. Disfruta el viaje.

Cada estado trae nuevas maravillas, nuevas maneras de percibir y de vivir en el mundo. Piensa que

el sincrodestino es una especie de renacimiento o de despertar. Así como tus días son drásticamente

distintos y más emocionantes que el sueño profundo, los estados quinto, sexto o séptimo de

conciencia multiplican aquello que puedes experimentar. A través del sincrodestino podrás

convertirte, finalmente, en la persona que el Universo tiene planeada, ser tan poderoso como el

deseo, tan creativo como el espíritu. Todo lo que necesitas es entusiasmo para unirte a la danza

cósmica y disposición para explorar los milagros del alma.

        Una vez que estos milagros empiecen a incrementarse en tu experiencia de vida, empezarás

a darte cuenta de que el sincrodestino es sólo el síntoma de un fenómeno más profundo. Este

fenómeno es un cambio en tu identidad y una toma de conciencia de quién eres en realidad.

Empiezas a entender que tu verdadero yo no es una persona; tu verdadero yo es un campo de

inteligencia en el que la persona con la que te has identificado y todas las demás personas y el

entorno en el que existen, surgen y evolucionan como resultado de tus interacciones contigo mismo.

Ya no interpretas al Universo como la suma total de partículas separadas y distintas, sino como una

unidad coherente e indivisible en la que la personalidad con la que te identificas actualmente y sus

pensamientos y todas las demás personalidades y sus pensamientos, y todos lo sucesos y

relaciones, son interdependientes, patrones entretejidos, un comportamiento único de tu yo no

circunscrito. Tú eres el misterio luminoso en el que el Universo entero, con todas sus formas y

fenómenos, surge y se hunde. Cuando tomas conciencia de esto hay una transformación completa de

tu yo personal a tu yo universal, un conocimiento empírico de la inmortalidad, la pérdida absoluta de

todo temor, incluso del temor a la muerte. Te has convertido en un ser que irradia amor del mismo

modo que el Sol irradia luz. Finalmente has llegado al lugar donde empezó tu viaje.

Epitafio para aquel que ha llegado

No vayas a mi tumba y llores

pues no estoy ahí.

Yo no duermo.

Soy un millar de vientos que soplan,

el brillo de un diamante en la nieve,

la luz del sol sobre el grano maduro,

la suave lluvia de verano.

En el silencio delicado del amanecer

soy un ave rápida en vuelo.

No vayas a mi tumba y llores,

no estoy ahí,

yo no morí.

Indio americano anónimo.

 

 
 
 
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