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Una sociedad cada vez
más crédula, cuyos miembros aceptan igualmente lo que les ofrece la
medicina, las filosofías de la Nueva Era, la tecnología, la
pseudociencia, los políticos y las sectas, es una sociedad carente del menor
sentido del escepticismo. Y entre todo esto, mentes lúcidas como las de Carl
Sagan tratan de hacernos ver cuán importante es para el hombre desarrollar
ese pensamiento crítico, tratan de encendernos una luz en la oscuridad.
¿Qué es el
escepticismo? No es nada esotérico. Nos lo encontramos a diario. Cuando
compramos un coche usado, si tenemos el mínimo de sensatez, emplearemos
algunas habilidades escépticas residuales (las que nos haya dejado nuestra
educación). Podrías decir: "Este tipo es de apariencia honesta. Aceptaré lo
que me ofrezca." O podrías decir: "Bueno, he oído que de vez en cuando hay
pequeños engaños relacionados con la venta de coches usados, quizá
involuntarios por parte del vendedor", y luego hacer algo. Le das unas
pataditas a los neumáticos, abres las puertas, miras debajo del capó.
(Podrías valorar cómo anda el coche aunque no supieses lo que se supone que
tendría que haber debajo del capó, o podrías traerte a un amigo aficionado a
la mecánica.) Sabes que se requiere algo de escepticismo, y comprendes por
qué. Es desagradable que tengas que estar en desacuerdo con el vendedor de
coches usados, o que tengas que hacerle algunas preguntas a las que es
reacio a contestar. Hay al menos un pequeño grado de confrontación personal
relacionado con la compra de un coche usado y nadie afirma que sea
especialmente agradable. Pero existe un buen motivo para ello, porque si no
empleas un mínimo de escepticismo, si posees una credulidad absolutamente
destrabada, probablemente tendrás que pagar un precio tarde o temprano.
Entonces desearás haber hecho una pequeña inversión de escepticismo con
anterioridad.
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